Ampliación: Diez años bien aprovechados

  El puente sobre el Danubio entre Rumania y Bulgaria.
El puente sobre el Danubio entre Rumania y Bulgaria.
13 febrero 2017 – Dilema Veche (Bucarest)

Hace diez años, Rumania y Bulgaria entraban en la Unión Europea. Desde entonces, ha habido mucho progreso en cuanto a la integración, y aunque todavía hay grandes vacíos, el balance es globalmente positivo, apunta el director de RFI Rumania.

Hace exactamente diez años, Rumania y Bulgaria gozaban de sus primeros días como países miembros de la Unión Europea. Los habitantes de ambos países comenzaban a cruzar la frontera armados únicamente de su carné de identidad; el crecimiento económico era sólido y las noticias acerca de la crisis financiera llegaban como un eco lejano provenientes del otro lado del Atlántico. Los dirigentes políticos calculaban frenéticamente cuantos miles de millones de euros llegarían de Bruselas, y no se veía una sola nube en el horizonte. Pero hoy, ¿podemos realmente decir que la adhesión de Rumania y Bulgaria ha sido un éxito?

Según los datos de Eurostat, los dos países partían prácticamente en igualdad de condiciones: en 2007, el PIB por habitante de Bulgaria era equivalente a 38% de la media europea, y el de Rumania de 39%. En estos diez años, ambos países han logrado en parte recuperar su retraso. Rumania lo ha hecho un poco mejor, llegando a 57% de la media europea, mientras que Bulgaria se ha detenido en 47%. En la clasificación de la riqueza, Rumania sigue siendo el penúltimo país de la Unión, pero está por encima de los otros países de los Balcanes que no están en la Unión, como Turquía, donde el PIB por habitante es de 52% de la media europea. Solo Croacia, que entró en a Europa en 2013, está un punto por encima de Rumania.

Corrupción y pobreza

En Bulgaria, además, el índice de pobreza pasó de 60% en 2006 a 41% hoy. En Rumania también la disminución ha sido remarcable: de 47 a 37%. Durante los ejercicios financieros 2007-2013, Bucarest recibió 20 mil millones de euros, mientras que Sofía recibió 7. El éxito económico y la disminución de la pobreza han sido, sin embargo, acompañados por un éxodo de la fuerza laboral. Según la agencia de prensa búlgara Novinte, 2,5 millones de búlgaros vivían en el extranjero en 2015. Cerca de 3 millones de rumanos se fueron a vivir a algún otro país de la Unión.

También hay que subrayar que el desarrollo de los últimos años no se ha reflejado de manera homogénea en todas las regiones de ambos países. Bulgaria construyó una gran autopista para enlazar la capital al puerto de Burgas, en el mar Negro, está modernizando los enlaces con la frontera griega, y nuevas estaciones de metro serán inauguradas, al igual que un periférico de 10 carriles. Los centros de negocios y comercio se multiplicaron a una velocidad excepcional tanto en Sofía como en Bucarest. Con un PIB por habitante igual a 125% de la media europea, la capital rumana domina la región. De igual manera, otras ciudades como Cluj Napoca, Timișoara y Iași conocen un crecimiento vertiginoso, gracias a las inversiones extranjeras y a la tecnología. Sin embargo, cinco de las ocho “regiones en desarrollo” del país forman parte de las veinte regiones más pobres de la Unión. La situación es la misma en Bulgaria.

Los dos países entraron a la Unión bajo supervisión del Mecanismo de Cooperación y de Verificación, que controla el progreso efectuado en materia de justicia y de lucha contra la corrupción. Eso ha impedido una integración más profunda: Rumania y Bulgaria no forman parte del espacio Schengen. Bulgaria tiene de que estar celosa del progreso logrado del otro lado del Danubio en materia de independencia del poder judicial y de la lucha contra la corrupción. Pero durante la campaña electoral del pasado diciembre, varios responsables políticos hoy en el poder (los social-demócratas del PSD y los liberales de Alde) han hecho saber que quieren cambiar de dirección. Y muy rápido, el sistema judicial rumano podría enfrentar nuevas dificultades.

Entonces, ¿la adhesión ha sido un éxito? No realmente, si pensamos en los expectativas de los más pobres o de lo que imaginaban los burócratas europeos. Pero las cosas cambian cuando las ponemos en el contexto regional. Rumania y Bulgaria han sido duramente golpeados por la crisis, y eso en un marco de violentas tensiones, si pensamos a lo que pasó en Turquía, Ucrania y en Medio Oriente. A pesar de ello, Rumania y Bulgaria son todavía demócratas liberales, con sociedades que están entre las más optimistas de la Unión.

Bajo el perfil económico, social y de desarrollo de la democracia, Rumania y Bulgaria están netamente adelante de los países de la región que no se forman parte de la Unión. Desde este punto de vista la adhesión ha sido un éxito, del que Bruselas puede estar orgullosa.

Este artículo es publicado en cooperación con Internazionale.

Traducido por Raúl Durán Bravo

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