Referendum en Cataluña: El Brexit español

20 septiembre 2017
El País Madrid

El 1 de octubre el Gobierno de la Generalitat de Cataluña pretende organizar un referéndum de autodeterminación, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional español. Las analogías del caso se refieren al Brexit, más que al pasado referéndum escocés, considera el jefe de opinión del diario El País.

A estas alturas todo nos debería ser inmensamente familiar. Primero, hagámonos con un lote de políticos irresponsables y oportunistas. Allí un David Cameron y un partido conservador dividido que usa la UE para eliminar al adversario. Aquí la élite política corrupta de Convergencia [partido que forma parte de la coalición del gobierno catalán] que se arroja en brazos de una causa liderada por radicales para reconquistar el favor perdido de la ciudadanía.

Luego pervirtamos el lenguaje. Allí Bruselas nos ahoga, aquí 'Espanya nos roba'. Allí rescatar la soberanía del Parlamento, aquí el Parlament no está sujeto a la ley, solo a sí mismo. Allí vamos a recuperar el control, aquí vamos a autoconcedernos el derecho de autodeterminación. Allí fuera de la UE seremos más fuertes, aquí fuera de Espanya seremos ricos y felices.

Continuemos con unas mentiras sobre el día después. Para ello contemos con el apoyo, allí, de una prensa sensacionalista que desprecia los hechos, aquí con unos medios públicos controlados desde la Generalitat. Resultado: hagamos creer, allí, la fábula de que Reino Unido seguirá siendo parte del mercado interior, pero no estará sujeto a las normas de Bruselas y aquí que Cataluña seguirá siendo miembro de la UE después de una ruptura unilateral. Mentira de allí: que nadie se preocupe, los ciudadanos europeos seguirán igual después de la salida. Mentira de aquí: nadie perderá la nacionalidad ni sus derechos.

Ahora expulsemos a los expertos del debate. Así no tendremos que escuchar a los que dicen, allí, que la desconexión de Reino Unido no se puede hacer en dos años sin incurrir en costes enormes o, aquí, que una salida no pactada de Cataluña tendrá enormes costes económicos.

A continuación, sustituyamos a los ciudadanos por la gente y sacralicemos la democracia directa y plebiscitaria. Contrapongamos una votación irreversible y sin requisitos mínimos de participación frente a la libertad de hacer y deshacer que conceden las elecciones periódicas. Resultado: partámonos en dos.

No comparemos Cataluña con Escocia, sino con el Brexit. Con una diferencia. En el Brexit, Cameron fue tan estúpido como para organizarlo pensando que la razón se impondría a la emoción. Aquí, por suerte, la mayoría de los catalanes no se van a dejar engañar por un proyecto de Brexit tan burdo.

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