Reino Unido y el Brexit: El hazmerreír de Europa

23 junio 2017
VoxEurop

Las negociaciones sobre la salida del país de la Unión Europea acaban de comenzar en Bruselas, pero el Gobierno de Theresa May no parece tener una idea clara de sus objetivo y cómo alcanzarlos, según varios columnistas europeos.

Está cada vez más claro que los partidarios de la línea dura en el Brexit, que han guiado al Gobierno británico desde la renuncia de David Cameron tras el referéndum, no tienen ningún plan para la gestión de las negociaciones más allá de su lema muy repetido de "retomar el control", y la actitud de los europeos respecto a Londres está ahora en algún lugar entre la ansiedad y la desesperación por la situación imposible en la que el Gobierno británico se ha situado – y con ello al Reino Unido.

Como reflejo de este cambio en el estado de ánimo en el continente, se han publicado numerosos artículos en los últimos días que destacan el aparente amateurismo del Gobierno británico: artículos tales como el implacable artículo de opinión del corresponsal del diario francés Libération en Bruselas, Jean Quatremer en el diario británico The Guardian o un texto sin piedad. por parte de la publicación alemana Spiegel International.

El más reciente es el artículo siguiente titulado "Los británicos han trabajado para ponerse a sí mismos en una catástrofe política", por el corresponsal en Londres del diario alemán Süddeutsche Zeitung, Christian Zaschke, sugerido y traducido por Paula Kirby:

Si no fuera tan grave, la situación en Gran Bretaña sería casi cómica. El país está siendo gobernado por un robot parlante, apodado el Maybot, que se las arregló para visitar el rascacielos incendiado en el oeste de Londres sin hablar con un solo superviviente o con los ayudantes voluntarios. Las negociaciones para la salida del país de la UE empiezan el lunes [22 de junio], pero nadie tiene siquiera un indicio de un plan. El Gobierno depende de un pequeño partido que proporciona un hogar acogedor para aquellos que niegan el cambio climático y para los creacionistas. Boris Johnson es secretario de Exteriores. ¿Qué le ha pasado a este país? Hace dos años David Cameron surgió de unas elecciones parlamentarias como brillante vencedor. Se aseguró una mayoría absoluta, y como resultado parecía que la carrera de este peso ligero se dirigía sorprendentemente hacia alturas vertiginosas.

La economía estaba creciendo más rápido que en cualquier otro país industrializado del mundo. La independencia de Escocia y, con ello, la ruptura del Reino Unido, se había evitado. Por primera vez desde 1992 había una mayoría conservadora en la Cámara de los Comunes. el Reino Unido se veía a sí mismo como un actor respetado universalmente en la práctica internacional. Este fue el punto de partida. Con el fin de pasar de esta cómoda posición al caos presente en el menor tiempo posible, dos cosas eran necesarias: en primer lugar, el odio obsesivo del ala más derechista de los Conservadores hacia la UE, y en segundo lugar, la irresponsabilidad de Cameron en poner todo el futuro del país ligado a su consulta, sólo para satisfacer a unos pocos fanáticos en su partido.

Cada vez resulta más claro lo mala que fue tal decisión. El hecho de que Gran Bretaña se ha convertido en el hazmerreír de Europa está directamente relacionado con su voto favorable al Brexit. Los que más sufrirán serán los británicos, que fueron engañados por la campaña partidario del abandono durante el referéndum y traicionados y tratados como idiotas por elementos de su prensa. La desvergüenza aún no conoce límites: el Daily Express ha preguntado con toda seriedad si el Infierno del rascacielos se debía a que el revestimiento fue añadido hace dos años para cumplir con las normas de la UE. Es una simple cuestión descubrir que la respuesta a esta pregunta es no, pero al no comprobarlo, el periódico ha sembrado la sospecha de que la UE podría ser culpable de esto también. Como acotación al margen: un país en el que sectores de la prensa están tan manifiestamente poco interesados en la verdad y explotan un desastre como el incendio en Grenfell Tower para sus fines propios, tiene un problema muy serio. los precios ya están subiendo en las tiendas, ya la inflación está al alza. Los inversores se están frenando. El crecimiento económico se ha desacelerado. Y eso incluso antes de que comiencen las negociaciones del Brexit.

Con sus elecciones generales innecesarias, la primera ministra Theresa May ha desperdiciado ya una octava parte del tiempo disponible que tiene. Sigue siendo un misterio cómo se gestionará una empresa tan compleja como el Brexit en el tiempo restante. Al final, Gran Bretaña se retirará de su socio comercial más importante y será más débil en todos los aspectos.Tendría sentido económico para permanecer en el mercado único y la unión aduanera, pero eso significaría estar sujetos a reglamentos sobre los que Gran Bretaña ya no tiene nada que decir. Sería mejor haberse quedado en la UE. Así que ahora el Gobierno tiene que desarrollar un plan que sea políticamente aceptable y económicamente suponga el menor daño posible. Es una cuestión de limitación del daño, nada más; sin embargo, incluso ahora todavía hay políticos que se apuntalan alrededor de Westminster con suficiencia pregonando que será la UE la que saldrá peor parada.

La UE va a estar tratando con un Gobierno que no tiene idea de qué tipo de Brexit que quiere, dirigido por una política poco realista cuyos días están contados; y un partido cuyas viejas heridas se están abriendo de nuevo: los conservadores moderados esperan una salida más suave de la UEo, pero la línea dura en el partido – entre ellos más de unos pocos ideólogos obstinados- ya han amenazado con la rebelión.

Una batalla épica está por venir, y paralizará al Gobierno. El negociador-jefe de la UE, Michel Barnier, ha dicho que ahora espera que los británicos finalmente fijen con claridad su posición en septiembre, ya que él no puede negociar consigo mismo. La ironía de esta afirmación es que en realidad sería en el mejor interés de Gran Bretaña que así lo hiciera. Al menos de esa manera tendrían un representante de su lado que sea consciente de la magnitud de la tarea y sea capaz de asegurar un acuerdo que sea justo para ambas partes. Los británicos no tienen un interlocutor único de esta talla en sus filas. Y aparte de los términos del Brexit, tanto el debate como la consulta han demostrado ser tóxicos y ahora se está haciendo sentir. La sociedad británica está ahora más dividida que en cualquier otro momento desde la guerra civil inglesa en el siglo XVII, hecho que se demostró de nuevo en las elecciones generales, en las que un 80% de los votos fueron atribuidos a los dos partidos más grandes.

Ninguno de estos partidos estaba ofreciendo un programa de centro: la elección fue una elección entre la extrema derecha y la extrema izquierda. El centro político se ha abandonado, y eso nunca es una buena señal. En un país como Gran Bretaña, que durante tanto tiempo disfrutó de una reputación por el pragmatismo y la racionalidad, es motivo de preocupación real. La situación está decididamente fuera de las manos. Después de la pérdida de su imperio, el Reino Unido buscó un nuevo lugar en el mundo. Se encontró por fin como parte fuerte, heterodoxa e influyente de una unión más grande: la UE. Ahora se ha renunciado a este lugar de forma bastante innecesaria. La consecuencia, como ahora se está poniendo en evidencia, es una verdadera crisis de identidad de la que costará mucho tiempo recuperarse al país.