La crisis de la izquierda europea: ¿Están todavía vivos los socialdemócratas?

11 enero 2018 – Der Spiegel (Hamburgo)

En toda Europa, los partidos socialdemócratas luchan para seguir siendo relevantes. Una de la más antiguas ideologías en crisis. Panorama de la situación actual.

"En un Estado constitucional, el verdadero gobernante es el votante", dicen las palabras de Ferdinand Lassalle, el campeón de los trabajadores y la fuerza intelectual detrás de la socialdemocracia europea. Pero mientras tanto, el votante, más de 150 años después, ha perdido claramente la fe en la idea política de Lassalle.

Casi en todas partes de Europa, los partidos socialdemócratas y socialistas están perdiendo apoyo: el año pasado, el SPD alemán sufrió un mal resultado histórico en las elecciones parlamentarias. Sus partidos hermanos en Francia, los Países Bajos y la República Checa incluso se han hundido en porcentajes de voto de un solo dígito.

La socialdemocracia europea lucha por su supervivencia política: desde el nuevo milenio, su porcentaje de votos ha disminuido en 15 de los 17 países que examinamos, a veces de forma espectacular:

Algunos desarrollos importantes se pueden ver en toda Europa:

En Alemania, el resultado del SPD en las elecciones federales de 2017 fue el peor desde el final de la Segunda Guerra Mundial (con un 20.5 por ciento). Pero, en el cambio de milenio, fue el partido más fuerte: Gerhard Schröder lo llevó al gobierno en 1998 con el 40 por ciento de los votos; en 2002 ganó el 38.5 por ciento y nuevamente nombró al canciller. Desde entonces, sin embargo, ha ido cuesta abajo. Particularmente después de la Gran Coalición de 2005 a 2009, cuando los votantes castigaron al SPD, el socio menor; su porcentaje de votos se colapsó en más de diez puntos porcentuales. Después de un ligero aumento en 2013, la tendencia a la baja se ha reanudado.

El año pasado en Francia, el Partido Socialista (PS) entró en la peor crisis de su historia. El presidente François Hollande, la persona más impopular en ocupar el cargo de la historia, ni siquiera se presentó a la reelección. El candidato del partido, Benoît Hamon, terminó en el quinto lugar, con apenas el seis por ciento de los votos. Unas semanas más tarde vino la votación para la Asamblea Nacional. En 2012, el PS se convirtió en el partido más fuerte, esta vez se redujo en más de 20 puntos y ganó solo el siete por ciento de los votos.

En Países Bajos y República Checa, los partidos socialdemócratas también se anotaron cifras de un dígito en las elecciones parlamentarias del año pasado. En comparación con las elecciones anteriores, disminuyeron en 19 y 13 puntos porcentuales respectivamente.

En Grecia, el declive ya se viene produciendo desde hace muchos años. Después del comienzo de la crisis de la deuda soberana, el gobernante Partido Pasok perdió con rotundidad su mayoría absoluta en el Parlamento. En la votación de 2012, se derrumbó en más de 30 puntos porcentuales, en 2015 perdió aún más confianza, y hoy apenas juega ningún papel.

En la reciente votación de Austria, aunque el SPÖ pudo igualar los resultados de hace cuatro años, dejó el Gobierno y ha perdido casi diez puntos porcentuales en los últimos 15 años.

En Italia, España y Portugal los partidos socialdemócratas seguían obteniendo más del 40 por ciento en las elecciones celebradas en la década de 2000. Están muy lejos de eso hoy, con el PSOE español alcanzando solo el 22 por ciento en las últimas elecciones.

En Suecia y Finlandia, también los resultados electorales de los socialdemócratas han empeorado constantemente desde el cambio de milenio.

En Noruega el partido de los trabajadores AP se recuperó significativamente de su declive al comienzo del milenio. En 2001, el AP perdió más de diez puntos, ganando solo el 24.3 por ciento de los votos y se encontró en la oposición después de más de 40 años en el poder. Posteriormente fue capaz de equilibrar esas pérdidas girando a la izquierda. Desde la votación de 2009, sin embargo, se ha invertido la tendencia una vez más, ganando el 27.4 por ciento de los votos en 2017. Si bien sigue siendo el partido más fuerte, el país ahora está gobernado por una coalición conservadora.

Hasta hace poco, en el Reino Unido, el Partido Laborista seguía la misma tendencia a la baja, perdiendo diez puntos porcentuales entre 2001 y 2015. Pero los laboristas pudieron recuperar sus pérdidas en las elecciones generales del año pasado y claramente se beneficiaron de las consecuencias del voto de Brexit a principios de año.

En todos los países, por supuesto, existen diferentes razones individuales para este desarrollo. Pero también hay raíces comunes que pueden explicar la crisis que enfrentan los socialistas y los socialdemócratas en muchos países. Primero, los partidos han perdido muchos de sus votantes principales. La socialdemocracia europea, nacida del movimiento obrero del siglo XIX, tenía una gran base de apoyo sobre la cual podía contar para obtener votos: los trabajadores, sobre todo las personas dedicadas al trabajo manual. Ahora es una demografía cada vez más reducida: la clase trabajadora está fragmentada, y las condiciones que apoyaron a los socialdemócratas durante décadas en toda Europa han desaparecido.

Los trabajos industriales se vuelven superfluos por las nuevas tecnologías o se están trasladando a países con salarios más bajos. El personal permanente con altas remuneraciones trabaja junto con los trabajadores asalariados, que a menudo hacen las mismas tareas pero reciben menos dinero por ellas. En Alemania, la proporción de trabajadores tradicionales cayó en los últimos 50 años de la mitad de la fuerza de trabajo a apenas una cuarta parte. Y las encuestas llevadas a cabo después de las elecciones muestran que los trabajadores restantes ya no solo votan por los socialdemócratas.

En segundo lugar, en las últimas dos décadas, los partidos en los márgenes políticos de muchos países han surgido o han ganado aprobación. Los partidos de izquierda socialistas y populistas han podido ganarse a los votantes que antes votaron por los socialdemócratas. Es, hasta cierto punto, lo que Syriza ha logrado en Grecia, junto con los partidos de izquierda en Portugal y Dinamarca, o Die Linke en Alemania, que es el partido sucesor tanto del Partido Comunista de Alemania Oriental como del WASG de Alemania Occidental.Al mismo tiempo, los partidos populistas de derecha están apelando a la clase obrera tradicional restante, como el Frente Nacional en Francia, el FPÖ en Austria, el partido de Geert Wilders en los Países Bajos y el AfD en Alemania.

En tercer lugar, a las personas les preocupa desde hace tiempo una crisis fundamental entre los principales partidos. El compromiso del votante está disminuyendo, o lo que es peor: la confianza en la política como un todo se está disolviendo. Muchos países de Europa luchan contra la disminución de la participación de los votantes. En Alemania, alrededor del 90 por ciento de los votantes acudieron a las urnas en la década de 1970, mientras que en la década de 2000 esa cifra era solo entre el 70 y el 80 por ciento. En Francia, la participación en la segunda vuelta de la votación parlamentaria del año pasado cayó a un mínimo histórico, y en Grecia, también la desconexión con la política es alta.

¿A qué se parecería un futuro para la socialdemocracia europea? ¿Cómo puede responder a los desafíos de un mundo globalizado y digitalizado? ¿Y logrará recuperar la confianza de los votantes?

La próxima elección parlamentaria de Europa tendrá lugar en Italia en marzo. Matteo Renzi, el jefe del dividido partido socialdemócrata Partito Democratico, quisiera llevarlo nuevamente al poder una vez más. Renzi se ve a sí mismo desempeñando un papel similar al presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien se presentó como el renovador de la escena política. Sin embargo, en las encuestas, el movimiento antieuropeo Cinco Estrellas y la alianza de derecha de Silvio Berlusconi están a la cabeza. Un gran regreso para la socialdemocracia aún no se contempla en el horizonte.

Traducido por Alberto Pérez

This article is published in association with The European Data Journalism Network.

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