Inmigración: Una Europa en movimiento

14 octubre 2011
Adevarul Bucarest

La crisis empuja a los europeos a retomar el camino de la emigración. Para los jóvenes de los países mediterráneos y para los de la Europa Oriental, ahora la salvación se encuentra en el norte del continente.

En el lapso de un siglo, los países europeos han pasado del ser países de emigración a ser receptores de inmigración, es decir, se han transformado en países de acogida. El desarrollo industrial ha servido de imán para los habitantes de los países pobres. Como consecuencia, numerosos emigrantes han regresado a sus países de origen, pero ha sido necesario un aporte de mano de obra externa para cubrir el déficit de trabajadores. Los últimos países de acogida han sido los del sur de Europa, un destino predilecto especialmente para los rumanos. En el mercado laboral, estos últimos son ahora competencia de los autóctonos en paro. Frente a esta situación, y a las nuevas restricciones en materia de empleo con relación a los extranjeros, los inmigrantes del Este y los autóctonos del sur tienden a buscar trabajo en el norte de Europa.

El sur parte hacia el norte

Europa ya ha vivido movimientos migratorios masivos en el pasado. Entre 1950 y 1970, alrededor de 10 millones de italianos, griegos, españoles y portugueses partieron camino de los países europeos más desarrollados. Después de 1973, con el inicio del declive demográfico en el arco mediterráneo, los Estados que lo conformaban abrieron sus puertas a los trabajadores extranjeros. El punto de inflexión, cuando la inmigración superó a la emigración, se alcanzó en los años ochenta. Los flujos provenían del norte de África, después de Centroeuropa y de la Europa Oriental. El proceso se aceleró tras la caída del telón de acero. Ahora, Alemania, Reino Unido y los países nórdicos podrían enfrentarse a un asalto sin precedentes, dado que en pueblos con una gran tradición emigrante (España, Italia, Irlanda e incluso Grecia) existe una enorme presión por parte de quienes llegan de Europa del Este, con los rumanos a la cabeza. Respecto a Rumanía, llegará el momento en que se convierta en un país de inmigración pero probablemente en este caso se tratará de trabajadores provenientes de Asia, de Oriente Medio o de África.

Las estadísticas británicas más recientes muestran por su parte una dinámica rara con relación a España. El número de españoles registrados en el sistema de la seguridad social británico aumentó un 85% durante el último periodo fiscal (de abril de 2010 a abril de 2011), en comparación con el año anterior. Por primera vez, España ocupa un puesto dentro de los cinco países de origen de los inmigrantes con mayor presencia en Reino Unido – tras Pakistán, Sri Lanka, Lituania e Irlanda. Según la filial española de la agencia de trabajo temporal Adecco, alrededor de 110.000 personas han salido de España con un contrato de trabajo entre 2008 y 2010, cuando la tasa de paro superó el 21%. Más de 4,2 millones de personas se encuentran sin empleo. Un aumento significativo que también se aprecia en el caso de los italianos: de 60.000 currículos recogidos por Eurostat en marzo de 2010, se ha pasado a cerca de 90.000 en septiembre de 2011.

"Billete de ida" frente a inmigración itinerante

La migración del estilo "billete de ida", como cuando un italiano o un irlandés se embarcaba rumbo a Estados Unidos y se quedaba allí hasta su muerte, ya no existe. Hoy se ha convertido en itinerante, de un país a otro, en función del mercado laboral. Los emigrantes se distribuyen tácitamente el mercado en función de la aceptabilidad y la dificultad del trabajo. Por eso existe una gran diferencia entre los emigrantes españoles y los rumanos. A estos últimos se les denomina "recolectores de fresas" porque la mayoría trabaja en el sector agrícola del país de destino y copan los empleos menos cualificados. Los españoles, según afirma el profesor de la Universidad de Barcelona Miguel Pajares, "van a países en los que encuentran empleos especializados. La diferencia entre rumanos y españoles no es tanto la competencia como la aceptabilidad" de los diferentes empleos.

En Irlanda, el número de habitantes que dejan el país supera en la actualidad al de los inmigrantes que llegaron en la época en que el país era "el tigre celta". En el último año fiscal, de abril de 2010 a abril de 2011, más de 40.000 irlandeses han abandonado la isla, frente a los 36.000 inmigrantes que llegaron. "La crisis es más llevadera en el extranjero", explica el profesor rumano Dumitru Sandu, especialista en materia de migraciones. La tendencia migratoria actual se mantendrá, por la crisis y la recesión que azota a Europa. Además, porque los países que se adhirieron a la Unión en 2004 han superado el periodo de transición (de siete años como máximo) durante el que un Estado miembro podía imponer una cierta protección de su mercado laboral [frente a los nacionales de los recién incorporados a la UE]. La fecha límite era el uno de mayo de este año y estaba vigente en el caso de Polonia, República Checa, Hungría, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovenia y Eslovaquia.

Precampaña xenófoba para 2012

Después de que España y Francia introdujesen nuevas restricciones en el mercado laboral con relación a los rumanos, otros Estados han anunciado que también van a modificar la legislación con el objetivo de frenar la inmigración. Bajo el pretexto de salvaguardar empleos locales, el acceso de los inmigrantes al mercado laboral queda así bloqueado, todo ello teñido de un cierto aire de precampaña electoral, puesto que numerosos países tienen cita con sus votantes en 2012. "No se trata tanto de razones económicas, sino de violaciones de los principios democráticos de la Unión, que se han ignorado", afirma Catalin Ghinăraru, del Instituto Nacional rumano de Investigación sobre el Empleo.

Siempre que la economía de un país de destino se contrae, aparecen actitudes de rechazo hacia los inmigrantes. E, inevitablemente, se nota especialmente contra el grupo más numeroso. Así, los rumanos son el objetivo de muchas campañas encaminadas en este sentido. En España, por ejemplo, el Partido Popular ha pegado este otoño carteles electorales con el eslogan “No queremos rumanos”. A pesar de ello, únicamente una pequeña minoría de rumanos regresan a su país, tal y como muestra el estudio "el impacto de la crisis económica sobre la inmigración de la mano de obra rumana", realizado por la Fundación Friedrich Ebert: solamente el 5% de quienes emigran regresan a su país, y lo hacen por periodos cortos. Después, parten en dirección a otros destinos.

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