Crisis lechera: Las vacas lecheras, sacrificadas

20 octubre 2009
La Repubblica Roma

Foto de Scpgt/flickr
Foto de Scpgt/flickr

El hundimiento de la cotización de la leche estos últimos meses en Europa ha hecho que su precio de coste sea tan elevado, que algunos ganaderos prefieren sacrificar su ganado a seguir produciendo con pérdidas. Por ello piden que se mantenga la polémica política de las cuotas y las subvenciones. Un reportaje realizado en el Norte de Italia.

"Por desgracia, las vacas no tienen derecho a percibir subsidios de desempleo, así que…". Alessio Palestra, de 32 años, es ganadero en Belgioioso, cerca de Pavía. Al igual que todos los ganaderos, tiene palabras amables cuando habla de sus animales. "Las vacas salen del establo sobre todo en verano. Pero este año, han salido del establo el doble". Este año, las vacas ya no salen a pastar. Van al matadero. Hasta el año pasado, se explotaban el máximo de tiempo posible. Parían de seis a siete veces en siete u ocho años de vida. "Ahora que la leche ya no reporta beneficios, nos anticipamos. Si la vaca no está en forma, la sacamos del establo. Así hay menos animales en los comederos y ahorramos. Y sobre todo así sacamos algo de dinero y llegamos a fin de mes. Es desesperante llevar a los animales al matadero antes de que haya llegado realmente su hora. Pero hoy, ser ganadero se ha convertido en algo desesperante".

El Consejo Europeo de agriculturase reunión el 19 de octubre en Luxemburgo. Y miles de agricultores se dieron cita allí para protestar. El agrónomo Alessio Palestra tomó las riendas de la explotación de su tío en 2004. Ese año, la leche se pagaba a 33,83 céntimos de euro el litro, el año siguiente a 33,76. El pasado año, subió a 39,48 céntimos. "En los últimos días, tan sólo llego a 29 céntimos el litro y con ello registro pérdidas. Tengo un contrato con una fábrica que a principios de este año me pagaba 32 céntimos. Luego me escribieron para comunicarme que los competidores ofrecían un precio inferior al nuestro. Para evitar el cierre, hemos tenido que cambiar las tarifas. Eso se llama cambio unilateral de un contrato. 'Si no le conviene, puede dar por terminado nuestros acuerdos y vender su leche a quien le parezca mejor', me comunicaron. Para otros ganaderos ha sido incluso peor. Los que producen para las grandes industrias queseras del parmesano y del gorgonzola, perciben entre 27 y 28 céntimos el litro. Pero el precio de coste de un litro de leche para una vaca es de 30 céntimos, sólo contando su alimentación".

Algunos ganaderos "desplazan" su explotación a Rumanía

Alessio Palestra también es presidente de la sección local de productores de leche que pertenecen a la Unión de Agricultores y conoce bien las cifras del desastre: "según nuestras estimaciones, el ganadero que posee 60 vacas lecheras, pierde 4.000 euros al mes. El que tenga 200, pierde 15.000. Existen explotaciones que agonizan y son las que alquilan los terrenos. Tengo compañeros que están al borde de la desesperación. Para pagar el forraje y el 'concentrado', una mezcla de base proteica, con avena, girasol y soja, y pagar los alquileres, lo sacan de los ahorros familiares. Si la situación no cambia rápidamente, tendrán que cerrar sus instalaciones. El entusiasmo en esta profesión es un recuerdo lejano. Mi encargado se levanta en plena noche, a la 1:30, luego vuelve para el ordeño a las 13:30. Yo estoy en pie a las 5:30 y trabajo hasta la noche. Y también suele pasar que, mientras estás comiendo, una vaca está pariendo y hay que salir corriendo. Hay que levantarse a media noche si hay un ternero enfermo y todo eso para encima perder dinero".

Lanzarse al mundo de la ganadería cuesta una fortuna. "En nuestra región, comenta Ettore Prandini, propietario de la hacienda Morenica en Lonato, cerca de Brescia (700 cabezas de ganado, de las cuales, 300 productoras de leche), si quiero adquirir 220 reses para disponer de 100 para el ordeño, me cuesta 250.000 euros. También necesito un establo y un área de ordeño, que, con los equipos, asciende a 1 millón de euros. Y no olvidemos el elemento más costoso, la tierra: aquí, una hectárea cuesta 120.000 euros. Para 220 reses, son necesarias 66 hectáreas, con lo que asciende a un total de 7.920.000 euros. Los que están alquilados corren el riesgo de dejarse hasta el último céntimo. Si no cambia el precio de la leche, de aquí a un año se abandonará al menos un 15% de los establos. Algunos ya han 'desplazado' su explotación y se han marchado a producir a Rumanía, a Bulgaria, a Estonia".

Jugar la carta de las etiquetas

Ettore Prandini es presidente de Coldiretti, el sindicato de los agricultores de Brescia: "El otro día, nuestra asociación llegó a un acuerdo con las industrias locales, por el que nos pagarán la leche a 31 céntimos el litro. El precio justo debería estar entre 36 y 37 céntimos, pero este acuerdo es un primer signo de esperanza". "De 2007 hasta mediados de 2009, constatamos una ligera disminución de los costes, del 12 al 13%", añade. "Pero el precio de la leche pasó de 42 a 28 céntimos. Sin embargo, los consumidores no se han dado cuenta: en las estanterías el litro de leche sigue costando entre 1,30 y 1,55 euros. En 2007, el queso 'grana padano' se vendía a 6,40 euros el kilo a los productores. Actualmente, les cuesta 1 euro menos. Pero en el sector de la gran distribución, el 'grana padano' sigue costando 11 euros el kilo, como en 2007".

El etiquetado sería una de sus bazas, según los productores: "no queremos cerrar las fronteras", afirma Prandini: "y una guerra de precios nos llevaría a la derrota. Los 'pulverizadores' europeos, ahora que ya no hay subvenciones europeas para transformar la leche en polvo, consiguen que les paguen la leche a apenas 20 céntimos el litro. Si logran ganar dos o tres céntimos por litro, eso les basta y nosotros no podemos plantarles cara. Es el consumidor quien debe decidir si elige la calidad. Y esto sólo se consigue si la etiqueta indica dónde y cómo se ha producido la leche". Hace unos días, en el corazón de Pavía (Norte), los ganaderos formaron una comitiva. Tras una vaca frisona, se veían dos pancartas: "3,5 litros por un café" decía una; "17 litros para un aperitivo", ponía en la otra. Dos pancartas que expresaban más que todos los discursos juntos.

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