Balcanes: Cuidado con las culebras europeas

14 marzo 2012
Utrinski vesnik Skopje

Eslovenia, Croacia, Serbia... Todos los países candidatos a la UE han tenido que hacer sacrificios y aceptar compromisos ante la presión de Bruselas. Y cuanto más han tardado, más han crecido las concesiones, advierte un editorialista macedonio.

Cada vez que un Estado que desea formar parte de la Alianza Atlántica (OTAN) y de la Unión Europea (UE) logra vencer uno de los obstáculos del recorrido, pienso en las palabras de Zoran Dogramadziev, uno de los pocos periodistas macedonios que han desarrollado una carrera internacional.

En un artículo publicado hace unos años en nuestro periódico, constató que cada uno de los candidatos al club europeo tenía que tragar sapos y culebras antes de pasar a la siguiente casilla y que era preferible hacerlo lo antes posible, antes de que la "bestia" engordara demasiado.

Así, Eslovenia fue coaccionada para devolver los bienes que pertenecían a la minoría italiana; Croacia tuvo que resignarse y ceder a Eslovenia una parte de sus aguas marítimas en la bahía de Piran; Rumanía bajó la guardia y realizó muchas concesiones a la minoría húngara, algo que jamás habría hecho sin la presión de Bruselas. Bulgaria también se vio obligada a tragar lo suyo con el cierre parcial de la central nuclear de Kozloduy, el lugar más rentable del país.

En cuanto a Macedonia, la culebra que tiene que tragarse [un compromiso con Grecia en el litigio sobre el nombre del país que enfrenta a los dos países] ha tenido tiempo de engordar tras 20 años y ahora resultará más difícil de engullir.

Los dirigentes serbios se liberan del lastre de Kosovo

Serbia y Kosovo, país en la cola del pelotón del Tour de Europa, acaban de vivir la misma experiencia. Han firmado un acuerdo sobre la designación de la antigua provincia serbia que proclamó unilateralmente su independencia [en 2008]. En virtud de este acuerdo, Serbia a partir de ahora aceptará que las autoridades kosovares representen a su país en las conferencias regionales. Pero por escrito, la denominación de Kosovo irá seguida de un asterisco que remitirá a un pie de página en el que se precisará que no se trata del reconocimiento de la independencia de la provincia.

Al firmar este acuerdo histórico, con el que se establecen dos entidades distintas, Serbia y Kosovo han superado el primer obstáculo. Mientras los signatarios se han apresurado a tranquilizar a sus conciudadanos explicándoles que este acuerdo era una pequeña victoria para sus países, los nacionalistas de los dos bandos lo han censurado y lo han calificado de traición y de acto de capitulación ante las instancias europeas.

La comunidad internacional y los países vecinos han felicitado a Serbia y a Kosovo por sus esfuerzos y les animan a proseguir en esta línea. Incluso Hillary Clinton declaró desde Washington que Kosovo ahora se encontraba más cerca de la UE. Pero el principal avance lo ha conseguido Belgrado: Alemania y Francia anunciaron que Serbia merecía el estatus de país candidato a la UE. Ahora ya es una realidad y el país espera que se fije en breve la fecha del inicio de las negociaciones, quizás al mismo tiempo que Montenegro.

Sea cual sea la interpretación de este acuerdo, lo cierto es que los dirigentes serbios se liberan del lastre que constituye esta provincia perdida desde hace tiempo. Ahora tienen que preparar al pueblo para que acepte la realidad: la "Tierra Santa" serbia [Kosovo] es hoy un Estado independiente. Por su parte, los kosovares se han dado cuenta de que el camino entre la proclamación de la independencia y el reconocimiento internacional es largo y que pasa por un diálogo abierto con Serbia. Cuando este último país sea miembro de pleno derecho de la OTAN y de la UE, la integración europea de Kosovo no será posible sin el acuerdo de Belgrado.

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