Francia-Alemania: El fin de “Merkozy”

Una reproducción de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel desfila sobre una carroza en los carnavales de Düsseldorf, Alemania, en febrero de 2012.
Una reproducción de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel desfila sobre una carroza en los carnavales de Düsseldorf, Alemania, en febrero de 2012.
17 abril 2012 – La Tribune (París)

Al abrir el debate sobre la función del Banco Central Europeo, Nicolas Sarkozy ha intentado ganarse los votos de los electores que piden una política de crecimiento. Pero se pone en contra de Angela Merkel, aunque esta posición beneficia a la canciller en política interior.

"Merkozy" se ha suicidado este domingo, en la plaza de la Concordia. Sabíamos que su salud era precaria desde hacía varias semanas.

Lejos queda ya el tiempo en el que la "fusión" indivisible de los dos jefes del Ejecutivo francés y alemán abría la vía de la nueva Europa de las reglas de oro y de las sanciones presupuestarias intensificadas y en el que esperábamos a Angela en los mítines para que apoyara a su "querido Nicolas". Todo esto ha llegado a su fin. Sus propias contradicciones han acabado con todo.

Al exigir la revisión de la función del BCE en la lucha contra la deflación, Sarkozy declaró en cierto modo la guerra a Alemania por motivos de política interior.

La línea ordoliberal

Porque la independencia del BCE es la condición sine qua non para que la primera economía de Europa siga presente en la eurozona. No hay ningún tipo de margen de negociación en este sentido y al tratar este tema, disparó la bala que ha acabado con "Merkozy".

El presidente francés lo sabe perfectamente. En otoño ya había intentando plantear la cuestión de la función de "prestamista de última instancia" del BCE, que fue rechazada tajantemente por el Gobierno alemán. Y entonces rectificó rápidamente.

Para Alemania, el sentido de la historia es totalmente distinto al que el candidato Sarkozy pretende que Europa adopte ahora.

Si la eurozona quiere ser viable, debe adoptar los principios del ordoliberalismocon los que triunfó la RFA en los años cincuenta y sesenta: un Estado discreto, una política salarial mesurada, una política presupuestaria inflexible y un banco central estrictamente independiente y centrado en una única política monetaria y en la lucha contra la inflación.

Nicolas Sarkozy había adoptado esta Weltanschauung, esta "visión del mundo", cuando aceptó el tratado presupuestario propuesto por Berlín.

Este tratado constituye la segunda tentativa de Berlín para hacer de la Unión Económica y Monetaria una zona de competitividad al estilo alemán, en la que algunos países dejen de basar su crecimiento en la demanda interior subvencionada por el Estado.

Y además era el precio a pagar para salvar al euro. Hoy resulta imposible pretender conservar la moneda única y modificar la función del BCE. Alemania jamás tolerará que se replantee la independencia estricta de esta institución, algo que era una condición indiscutible cuando se creó la moneda única.

Preferirá salir de la moneda única. Por dos motivos: por el traumatismo de la gran inflación, pero también por la voluntad de no convertirse en la "vaca lechera" hasta el infinito de los países menos competitivos.

Con la vista puesta en 2013

De repente, no dejan de crecer las diferencias entre los dos paseantes por Deauville. El lunes, Angela Merkel condenó abiertamente la postura del que fuera su "querido Nicolas". Y de un modo bastante contundente. "La postura de Alemania sobre el BCE y su función independiente es de sobra conocida. También la conocen en París y no ha cambiado desde hace tiempo", recordó el portavoz del Gobierno.

Dicho de otro modo, nosotros no cambiamos y somos coherentes. ¿Acaso tenía otra opción? Cada semana, el Bundesbank (el Buba), cuyo prestigio más allá del Rin es difícilmente imaginable para un francés, critica su política presupuestaria y europea.

No haber desaprobado la postura de Nicolas Sarkozy habría significado desaprobar estos esfuerzos. En términos de política interior, hubiera sido muy peligroso porque, dentro de su propio partido, son muy sensibles a las críticas del Buba. Y no aceptarían que se tocara la independencia de la política monetaria.

Pero la clave del suicidio de "Merkozy" es que, al igual que su antiguo amigo, Angela Merkel desea mantener su puesto tras las elecciones de septiembre de 2013. Su única posibilidad de seguir siendo canciller se basa actualmente en dos pilares: dentro de su propio campo no debe tener oposición y no debe encararse con los socialdemócratas, para poder reconstituir una "gran coalición" que ella encabezaría.

Entendemos que ahora, la victoria de Nicolas Sarkozy ya no es para ella un imperativo como lo era hace dos meses. Al contrario: al desaprobar las fanfarronerías del candidato del UMP, demuestra su buena voluntad ante el SPD y su firmeza ordoliberal con respecto a su propio partido.

"Merkozy" ya es cosa del pasado. Excepto, evidentemente, en caso de que Nicolas Sarkozy vuelva a ser elegido. Entonces los dos meses de campaña y sus promesas podrían olvidarse rápidamente...

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