Grecia/Alemania: La guerra de los clichés

1 marzo 2010
Süddeutsche Zeitung Munich

La prensa ha azuzado la polémica entre Berlín y Atenas. Portadas de Eleftheros Typos, I Nikis y Focus. Montaje: Presseurop
La prensa ha azuzado la polémica entre Berlín y Atenas. Portadas de Eleftheros Typos, I Nikis y Focus. Montaje: Presseurop

Los griegos son unos tramposos que no merecen la ayuda de los demás. Los alemanes deben pagar la salida de Grecia de la crisis porque los nazis saquearon el país. La guerra de los clichés se ha desatado entre dos países que hasta ahora habían sabido dejar atrás la historia, lamenta Süddeutsche Zeitung.

El periódico ateniense Kathimerini publicó una caricatura en la que se veía al ministro griego de Finanzas trabajando cuando su secretaria le anuncia la llegada de los inspectores de la UE. “¡Un minuto!” pide el ministro, mientras comienza a rasgarse la camisa. Un momento después le vemos flagelándose el torso. A su lado aparecen tres hombres con ropa de la Gestapo que exclaman: “Sehr gut!” (“¡Muy bien!”). En los últimos tiempos, el periódico conservador Kathimerini representa en realidad la voz de la cordura que pone en guardia contra la “histeria anti-alemana”. La otra voz de la cordura es la de Filipos Petsalnikos, el presidente del Parlamento, que acaba de convocar al embajador de Alemania. Antes de eso les dijo cuatro verdades a los alemanes.

Los griegos han perdonado sorprendentemente rápido a los alemanes

Es la hora de los “espíritus mezquinos”, se lamenta un periódico. Por el lado alemán, impera el humor de colegio y la ignorancia: Focus muestra a la Venus de Milo haciendo la señal del pajarito y equipara Grecia al fraude y a la decadencia (“Incorregibles: el espíritu tramposo de los griegos”). Por el lado griego, todo son cruces gamadas y protestas. Una “guerra de clichés” para Kostas Kalfopulos, editorialista de Kathimerini, que busca encontrarle el lado positivo a través de Hölderlin: “Sólo donde hay peligro crece lo que nos salva”. Pero ¿qué sucede “si sólo crece la estupidez”?, se pregunta Kalfopulos. El autor habla fluidamente el alemán, al igual que muchos griegos, por lo demás. En Grecia, el alemán es la segunda lengua extranjera, pues una generación entera estudió alemán en los años 70.

Tal vez eso sea lo más sorprendente: la guerra ha dejado fragmentos de alemán en la conciencia colectiva de los griegos, como “Raus” y “Kaputt”, pero en cambio no ha engendrado ninguna cultura del resentimiento. Los griegos perdonaron a los alemanes con una rapidez sorprendente, “a pesar de que ningún otro pueblo no eslavo sufrió tanto como ellos bajo los alemanes”, subraya el historiador Hagen Fleischer, afincado en Grecia. El primer instituto Goethe del mundo abrió sus puertas en Atenas en 1952. En 1956, el primer presidente de la República Federal, Theodor Heuss, efectuó su primera visita de Estado a Grecia. Unidos bajo la bandera del anticomunismo, los dos países dejaron muy pronto los crímenes nazis en un segundo plano.

Unos tramposos incorregibles

Pero los griegos siempre han exigido una cosa: “Querían ver que los alemanes se acordaban”, explica Fleischer. Algunos griegos no ven bien que la cuestión de las reparaciones alemanas salga precisamente ahora, a modo de respuesta: “Es una excusa que algunos usan para olvidarse de la enfermedad”, comenta Kalfopulos, “en un momento en que Grecia debe arremangarse la camisa y trabajar al lado de los europeos.” Sin embargo, los alemanes no deben pasar por alto el hecho de que la mayor parte de los griegos se sienten timados en este asunto, si quieren comprender por qué de repente toda la oposición, desde el LAOS, partido de extrema derecha, hasta los comunistas ortodoxos, vuelve a reclamar las reparaciones.

Después de 1945 se produjo un acuerdo tácito entre los Aliados. La idea era edificar una Alemania fuerte en lugar de arruinarla con las deudas, para que sirviera de bastión contra el comunismo. En la práctica, el acuerdo de Londres de 1953 liberó a los alemanes de su obligación de pagar sus deudas de guerra, pues Alemania no pagaría hasta después de la reunificación, en el marco de un tratado de paz. No es ninguna casualidad pues que en 1990 Bonn se esforzara en evitar que el tratado de los “Dos más Cuatro” sobre la reunificación llevara la mención de “Tratado de paz”: era un medio para seguir eludiendo las reparaciones. “Los propios nazis calcularon el montante de su deuda con Grecia”, añade Hagen Fleischer: alrededor de 5.000 millones de euros según nuestros baremos actuales. La República Federal sólo realizó un pago, en el marco de lo que se llamó el “Acuerdo global” de 1960 [una serie de acuerdos con varios países europeos e Israel]: fue una suma de 115 millones de marcos alemanes [alrededor de 58 millones de euros], principalmente destinada a las víctimas judías de los crímenes nazis en Grecia.

Un diplomático alemán describe la posición oficial de la República Federal en los siguientes términos: “Para nosotros, las reivindicaciones relacionadas con las reparaciones de guerra han quedado zanjadas por el tiempo”. Una posición que parece muy oportuna por parte de los alemanes, tal vez incluso un ejemplo de Realpolitik. ¿Es realmente tan sorprendente que algunos griegos consideren que los tramposos incorregibles son más bien los alemanes? “Pero por más traicionados que podamos sentirnos”, reconoce Kalfopulos con razón, “eso no tiene nada que ver con la situación contra la que debemos luchar”. La conclusión del historiador Fleischer es que “todo depende del tono en que se dicen las cosas”. Y el tono es prácticamente histérico en este momento, tanto allí como aquí.

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