Una ciudad europea: El Ruhr: del carbón a la cultura

Complejo minero de Zollverein, Essen. Foto: Heinz Wohner
Complejo minero de Zollverein, Essen. Foto: Heinz Wohner
5 marzo 2010 – Der Spiegel (Hamburgo)

El antiguo pulmón industrial de Alemania es durante 2010 Capital Europea de la Cultura. Es el broche final de una modernización ambiciosa pero actualmente cuestionada por la crisis económica.

Cuando Joachim Seifert relata su vida, empieza en 1864. “En el año 1864”, comienza, y luego prosigue con frases cortas. “El casco abrigaba más que el gorro”, afirma, por ejemplo. Además de su anorak, luce orgulloso un caso de minero blanco, como el que le protegió bajo tierra durante treinta años. Hoy, la víspera de su 75 cumpleaños, la cuenca del Ruhr se ha convertido en capital cultural y el pasado de este minero es parte del programa.

Ha explicado a miles de visitantes cómo tanto él como sus compañeros extraían carbón del subsuelo, hasta que el complejo minero de Zollverein cerrara sus puertas. Y cuando le preguntan por qué hacían esos esfuerzos, les responde que hay que remontarse a 1864. “Fue entonces cuando el abuelo de mi mujer llegó aquí. Fue el primero de la familia que trabajó para Zollverein”.

Austeridad a la orden del día

Ha sido toda una primicia. Una región entera en Alemania ha sido designada Capital Europea de la Cultura. Lo que hizo que el jurado se decantase por la Cuenca del Ruhr es la tenacidad con la que se ha esforzado para reinventarse y pasar de ser una región dedicada al carbón a otra centrada en la cultura. Si bien el carbón casi ya no se explota, es la marca distintiva de la cultura y el desarrollo en esta región que acaba que festejar sus 170 años. Sí, pero, tal y como insisten los responsables en este año festivo, en el Ruhr la cultura siempre ha sido algo más que una cuestión industrial. En esta región cuentan con 120 teatros, 5 universidades y cientos de institutos de investigación. Hace un mes, el museo Folkwang-Museum reabrió sus puertas, con un proyecto de David Chipperfield. La Cuenca del Ruhr sería una región de metrópolis modernas, la tercera conurbación más grande de Europa. Sus 5,3 millones de habitantes no sólo respiran hollín: también respiran futuro.

Sin embargo, en este lugar, entre la arquitectura de posguerra, las grandes superficies y las parcelas, 275.000 personas no tienen empleo. De los 200 pozos en actividad en otro tiempo, sólo cuatro siguen en funcionamiento. 53 ciudades se extienden a lo largo de 4.435 kilómetros cuadrados entre Hamm y Wesel y casi todos los municipios tienen actualmente un presupuesto de crisis. Lo que hace falta es una identidad compartida. La región del Ruhr no es una metrópoli, sino una conurbación parcelada que pose una gran historia minera en común.

La historia minera está profundamente enraizada

Se tenían grandes expectativas. Las miradas se dirigieron hacia Liverpool, pues hace dos años vivió el mismo honor y afirma que los esfuerzos valieron la pena. Porque a la hora de hacer recuento, los ingresos habían sido cinco veces superiores a los gastos y Liverpool se libró de su reputación de triste zona obrera. Los responsables de “Ruhr 2010” sueñan con imitar a esta ciudad, con ser una imagen de éxito. De este modo, en julio se alinearán 20.000 mesas en un tramo de la Autobahn 40, que formarán la “mesa más larga del mundo”. Durante un almuerzo, los habitantes, que habitualmente no mantienen ningún contacto, vencerán a la circulación, que es desde hace tiempo uno de los males de la región.

Pero mientras, el fantasma de la duda ensombrece las expectativas. En plena crisis económica, los patrocinadores no han cumplido sus promesas. En lugar de 80 millones, el presupuesto tan sólo es de 62,5 millones de euros. Los grandes proyectos no se han acabado. Y ahora se plantea una pregunta: ¿cómo desarrollar una región con falta de financiación? ¿Y cómo lograr un cambio estructural en esta región inflexible, en la que cientos de miles de personas están estrechamente relacionadas con la historia de las minas?

Exposiciones como forma de duelo

Ninguna otra región alemana ha sido escenario de una industrialización tan poderosa. En cuestión de decenios, un paisaje lleno de pantanos se convirtió en un gigantesco espacio de producción industrial. Se extrajeron 7.000 millones de toneladas de carbón, hasta que llegó la crisis al sector minero. Dos guerras, un milagro económico y la Guerra Fría, acero para los vehículos, acero para las armas. Llegaron a la región cientos de miles de obreros. Así se desarrollaron ciudades de inmigrantes y ciudades obreras alrededor de los centros industriales.

En diciembre de 1986, descendió a la mina el último grupo de hombres. En términos de angustias existenciales, esta vida fue durante mucho tiempo sólida y razonable. Para algunas personas, las visitas guiadas, los conciertos y las exposiciones organizadas en diferentes espacios son como un trabajo de duelo.

Miles de trabajos creados

En 1986, un decreto ministerial impidió que Zollverein se destruyera. A partir de entonces, gracias a un nuevo y ambicioso plan, se trataba de ganar dinero con este símbolo monumental de trabajo. Por consiguiente, los pozos mineros se convertirían, al igual que el conjunto del Ruhr, en un centro de creatividad. El arquitecto holandés Rem Koolhaas proyectó una escalera mecánica naranja y luminosa que condujera hasta la entrada del espacio para los visitantes. Su compañero británico Norman Foster rehabilitó la fragua.

Hasta ahora, el número de visitantes aumenta y se han creado cerca de un millar de empleos. Uno de ellos, ha sido para el hijo de Joachim Seifert. Él también es minero, pero ha estudiado y ha participado en la creación de las películas de animación que su padre proyecta en las salas del antiguo lavadero de carbón. La familia Seifert ha logrado realizar su cambio estructural. “Mi hijo representa a la cuarta generación en la mina”, afirma su padre con orgullo. Y sin embargo, el sitio no es un modelo a seguir. Zollverein cuesta 155 millones de euros a la Unión Europea, al Land de Renania del Norte-Westfalia y a la ciudad de Essen. Es difícil multiplicar varias veces esta suma para obtener beneficios.

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