Unión Europea: Hacia una defensa común

9 marzo 2010
European Voice Bruselas

Soldados alemanes preparándose en 2008 para la operación europea ATALANTA, en las costas somalíes. (AFP)
Soldados alemanes preparándose en 2008 para la operación europea ATALANTA, en las costas somalíes. (AFP)

Las revisiones sobre defensa pretenden definir cuáles son las nuevas amenazas, mientras que la situación en Afganistán obliga a la UE y la OTAN a replantearse su enfoque militar.

Este año podría ser crucial para el futuro de la defensa europea. Los países que luchan contra los talibanes en Afganistán comprobarán sobre el terreno si funciona su nueva estrategia contra la insurgencia. La OTAN y la UE sabrán si el conflicto en Chipre se resolverá o quedará congelado, algo importante porque la pertenencia a ambas alianzas presenta problemas de compatibilidad y Chipre es el único gran impedimento para lograr una cooperación más estrecha entre ambas.

Estados Unidos y Reino Unido realizarán revisiones estratégicas de defensa para definir las principales amenazas a las que se enfrentan y cómo responder a ellas. La OTAN, tras el regreso de Francia a sus estructuras militares, también adoptará un nuevo concepto estratégico que supuestamente le aportará una relevancia renovada. Y la UE determinará si la nueva política exterior, las instituciones de seguridad y los mecanismos que ha ideado en virtud del Tratado de Lisboa harán que su acción sea más coherente y eficiente.

Ambiciones reducidas

Desde el final de la Guerra Fría hace dos décadas, varias revisiones de defensa estratégicas realizadas entre los aliados han lanzado la promesa del “cambio radical”. Pero el impacto de estas ambiciones a menudo ha sido insignificante, no solo en los Estados miembros, sino también en el ámbito supranacional. Los grupos de respuesta rápida o "battlegroups" de la UE, cuya planificación comenzó en 2004, se suponían que aportarían velocidad y flexibilidad en la UE para reaccionar ante las crisis. Hasta la fecha no se ha desplegado ni uno solo de estos grupos.Sin embargo, la diferencia esta vez se puede resumir en dos palabras: Afganistán y presupuestos. Con la situación en Afganistán se ha llegado a la conclusión de que ni la OTAN, ni la UE ni los Estados miembros tienen los medios para luchar en el tipo de guerra que los talibanes están llevando a cabo. Si desean ganar, deberán adaptarse. La proliferación de los déficits presupuestarios está ejerciendo una mayor presión para que aumente la eficacia del gasto en defensa.

Los presupuestos de defensa combinados de los 27 miembros de UE actualmente constituyen alrededor de la mitad de la suma que gasta Estados Unidos en sus ejércitos. Pero debido a que el gasto europeo está fragmentado y cada país mantiene un ejército de servicio completo, una cuota mucho menor que la estadounidense se destina a inversiones, incluido el sector de la investigación y el desarrollo: 42.000 millones de euros en Europa y 166.000 millones de euros en Estados Unidos, según las cifras de 2008 de la Agencia Europea de Defensa(AED). Por el contrario, los 26 Estados miembros de la AED (todos los miembros de la UE excepto Dinamarca) invierten más en términos absolutos en personal que Estados Unidos: 106.000 millones de euros comparados con 93.000 millones de euros. Esto sugiere que los ejércitos están repletos de personas equipadas por una industria del armamento que no es todo lo competente que podría ser.

Los viejos hábitos impiden los proyectos de cooperación

Estas cifras refuerzan la lógica que sustenta a la AED, cuyos proyectos tienen como objetivo fomentar la cooperación en investigación y desarrollo y, a largo plazo, crear un mercado de defensa interno. Pero la AED y la cooperación basada en proyectos de modo más general se ven obstaculizadas por el arraigado hábito de que los 27 Estados miembros de la UE dirijan sus propias evaluaciones de amenazas y planificaciones estratégicas. La Estrategia de Seguridad Europea de 2003, actualizada en diciembre de 2008, es demasiado general para servir de guía estratégica. Pero es necesaria esta guía con urgencia porque los Estados miembros de la UE establecen sus prioridades de defensa en áreas notablemente distintas sin casi tener en cuenta las economías de escala y sin plantearse si se complementan con el resto.

Algunos Estados miembros se centran en la defensa territorial contra un enemigo imaginario, otros reasignan sus recursos a nuevos tipos de conflictos, como los ciberataques y otros siguen viendo como principal tarea de sus ejércitos el mantenimiento de la paz o la creación de Estados, por lo que hacen mayor hincapié en la capacidad de despliegue y otras destrezas 'más suaves'. El desarrollo de la Política Europea de Seguridad y Defensa(PESD) en la última década ha sido impulsado en gran medida por los Estados miembros. Pero ante la ausencia de una evaluación adecuada de las funciones de defensa de los Estados miembros y cómo pueden complementarse entre sí, la PESD seguirá enfrentándose a los obstáculos que plantean las soluciones específicas y las políticas nacionales que son mucho menos eficientes de lo que deberían. Afganistán es tan sólo un ejemplo de las crisis que ponen de manifiesto las consecuencias de este concepto.

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