Sociedad

Grecia: Los nazis del siglo XXI

30 agosto 2012
The Independent Londres

En la cabina telefónica: "Ministerio para la Protección de los Ciudadanos"
En la cabina telefónica: "Ministerio para la Protección de los Ciudadanos"

En Londres empiezan hoy los Juegos Paralímpicos mientras en Atenas el partido de ultraderecha Amanecer Dorado incita a que se ataque a discapacitados y homosexuales, tras haber puesto anteriormente en su punto de mira a inmigrantes y a minorías étnicas. Esta coyuntura evoca el ascenso del nazismo en Alemania, pero el Gobierno griego y la Unión Europea hacen la vista gorda.

"Tras los inmigrantes, tú eres el siguiente". Así decían unas octavillas que aparecieron esta semana en el barrio de bares gays de Atenas. A medida que la violencia contra los inmigrantes y las minorías étnicas crece en Grecia, los seguidores del partido de ultraderecha Amanecer Dorado están ya promoviendo que se ataque a los homosexuales y a los discapacitados.

Estos fascistas marchan con camisas negras y bengalas por Atenas, aterrorizan a las minorías étnicas y sexuales, blanden estandartes que no parecen sino esvásticas desenlazadas y declaran que desprecian las reglas políticas. Y sin embargo, en toda Europa se les sigue considerando un mero síntoma de la crisis económica griega.

Antes, los matones derechistas atacaban a los inmigrantes de noche. Ahora lo hacen a la luz del día, sin temor a las consecuencias porque rara vez las hay. En las últimas semanas el número y la gravedad de los ataques han aumentado, y si los inmigrantes denuncian los ataques a la policía corren el riesgo de que los arresten a ellos.

No solo es que en Grecia se les asigne a los crímenes contra los inmigrantes una baja prioridad; es que Amanecer Dorado encuentra el fundamento de su apoyo entre los policías. Las encuestas realizadas a la salida de los colegios electorales en las elecciones de mayo de 2012 indican que en algunos distritos urbanos el 50 por ciento de los policías griegos votaron por ese grupo racista, que ahora tiene el 7 por ciento de los escaños en el Parlamento.

Los navajazos, palizas y ataques con motos son tan corrientes en muchas partes de la capital que los inmigrantes tienen miedo a salir solos. Grecia tiene muchos inmigrantes desde hace bastante tiempo --el 80% de los refugiados en la Unión Europea llegan a los puertos griegos--, pero las familias que marcharon allá buscando seguridad temen ahora por sus hijos.

Hasta el ministro de Orden Público

Según un informe reciente de Human Rights Watch, Odio en las calles, "las autoridades nacionales --así como la Unión Europea y la comunidad internacional en general-- han hecho en muy buena medida la vista gorda" a la violencia xenófoba en Grecia.

Hacer la vista gorda ya sería malo de por sí. Pero ahora el ministro de Orden Público, Nikos Dendias, ha prometido tomar medidas contra la inmigración, de la que ha afirmado que es una "invasión" y "una bomba en los cimientos de la sociedad". Dice mucho que afirmase también que la presencia de extranjeros en Grecia es una amenaza peor que la crisis económica, mensaje con el que sin duda cubriría las paredes de Atena si pudiese.

Agitar el racismo se ha convertido en una estrategia para que la atención de una nación amargada se desvíe del gobierno y de la crisis fiscal. Como tantas administraciones de centroderecha tambaleantes, la coalición encabezada por Nueva Democracia imita la forma de hablar de los extremistas de derechas y gratifica la xenofobia pública en vez de aplacarla.

Con el respaldo de Dendias, la policía hace redadas de inmigrantes, los detiene y deporta a miles en sus actuaciones masivas por Atenas o ciudades cercanas; el nombre que se le ha puesto a estas campañas procede, sin que parezca que sea irónico, de Zeus Xenios, el dios griego de la hospitalidad.

Como hacen tantos grupos fascistas, Amanecer Dorado dice representar a la marginada clase obrera. Como otros grupos de extrema derecha europeos, Amanecer Dorado se manifiesta enemigo de un sistema democrático arruinado y aprovecha para sus propios fines la cólera contra la mala gestión económica neoliberal.

Sin embargo, aunque dice estar contra la austeridad, no tiene un proyecto económico: sus tácticas solo son violentas, creadoras de enfrentamientos y repulsivamente racistas. Y los gobiernos de Grecia y Europa parecen estar dispuestos a tolerarlo como un coste social del consenso cada vez más fuerte en favor de la austeridad.

Lecciones de la historia

La Unión Europea se creó después de la Segunda Guerra Mundial para garantizar la unidad socioeconómica de un continente desgarrado por el fascismo. Hoy, Amanecer Dorado recibe en Grecia el trato que correspondería a un partido serio, pese al desprecio que sus miembros sienten por los trámites democráticos y su tendencia a asaltar a sus rivales políticos en televisión. Mucho después de que el partido nazi tomase el poder en Alemania en 1933, después de que se quemase el Reichstag  y de que la violencia antisemita se convirtiese en política oficial del Estado, a los gobiernos europeos siguió preocupándoles más la posibilidad de una Alemania socialista que la de una Alemania fascista. Casi hasta la Segunda Guerra Mundial, para muchos líderes mundiales siguió siendo más importante que Alemania pagase sus deudas.

Trazar paralelismos históricos con el nazismo es una agotada técnica retórica que los comentaristas, de izquierdas y de derechas, han vuelto ridícula al esgrimir el símil para hablar del etiquetado de los alimentos o de los excesos de celo en el control del tráfico. En este caso, sin embargo, no hay retórica alguna.

Verdaderos fascistas con verdaderas camisas negras marchan de verdad por Atenas con esvásticas y antorchas encendidas, y mutilan y asesinan a miembros de minorías étnicas. Y mientras, da miedo la tranquilidad con que los gobiernos mundiales parecen estar tomándoselo, siempre y cuando los griegos sigan pagando las deudas de la elite europea.

Cuando las lecciones de la historia se aprenden de carrerilla, es fácil pasarlas por alto cuando más necesarias son. Esta vez, Europa debe recordar que el precio de fomentar el fascismo es, con mucho, más cruel y más costoso que cualquier deuda nacional.

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