Ciudades: Los artistas se quedan sin barrio

16 julio 2010
Presseurop

En Schanzenviertel, uno de los barrios de moda de Hamburgo, abril 2010.
En Schanzenviertel, uno de los barrios de moda de Hamburgo, abril 2010.

A los artistas, primeras víctimas del proceso de elitización de ciertos barrios de las metrópolis europeas, se les considera responsables de esta situación. La razón es que muchos de ellos han aspirado a formar parte de la clase dirigente, se lamenta la escritora Tanja Dückers.

En casi todas las metrópolis europeas, los residentes y los artistas luchan contra la elitización de sus barrios. Sin embargo, los creadores cada vez están peor vistos. Estos hombres y mujeres, antes portavoces de la vanguardia rebelde, ahora aspiran a formar parte de la clase dirigente. Desde hace varias décadas, en un gran número de grandes ciudades europeas, el núcleo de la cultura alternativa se instala en los barrios desheredados y deteriorados, en los que se genera una nueva vida. A menudo, los artistas y los creadores son los impulsores de numerosos proyectos de renovación urbana. Invierten en los barrios que otros se apresuran a dejar, en su búsqueda constante de viviendas, talleres u oficinas asequibles.

Hace tiempo, esta tendencia parecía que permitía a la crítica social de izquierda entablar enlaces estrechos con diversas formas de expresión artística. En ciudades como Francfort, Hamburgo o Berlín, estos residentes creativos han defendido su lugar, a menudo con mucho humor y persuasión, contra los urbanistas obstinados y los promotores sin escrúpulos. Gracias a ellos, hoy un gran número de barrios en estas ciudades están especialmente cotizados. Desde la reunificación alemana, el ocupante clásico con motivaciones político-ideológicas ha sido sustituido por el artista y sus ambiciones personales.

Tensiones entre la extrema izquierda autónoma y los creadores de moda

En casi todos los lugares se observa el mismo fenómeno: tanto en Berlín, Hamburgo o Colonia, como en Ámsterdam, Copenhague, Barcelona, Londres, Varsovia o Praga, desde el momento en el que los artistas fijan su residencia en un lugar concreto, les siguen de inmediato una cohorte de cafés y restaurantes de moda. Luego llegan los jóvenes, con barba de cinco días en el caso de los hombres y look nostálgico-vintage en el de las mujeres, que no se despegan de sus ordenadores portátiles e inician numerosos "proyectos". De repente, el barrio ocupado gana un atractivo súbito, se instalan en él establecimientos independientes, seguidos de galerías y de estudios de arquitectos. Rápidamente, los alquileres se disparan.

El reciente ataque a manos de militantes de la izquierda autónoma contra una galería berlinesa es síntoma del cambio que se está produciendo. Los artistas y los creadores ya no son los abanderados de una vanguardia rebelde, sino los precursores de una elitización de los barrios y los representantes de una nueva burguesía de propietarios. Estas tensiones no sólo revelan las concepciones artísticas reaccionarias de los agresores que, al parecer, sólo pueden tolerar la presencia de los artistas cuando les ayudan a lograr sus objetivos. También demuestran hasta qué punto ha cambiado la relación entre el arte y la sensibilidad política. Hace ya tiempo que con sus gafas de creadores y sus ropas de última moda, los artistas ya no luchan contra los valores burgueses, sino que aspiran a formar parte de la clase dirigente. Han crecido en una época en la que la economía creativa se ha convertido en un sector de crecimiento rápido, en una industria de servicios que atrae a los inversores.

Artistas que no pueden pagar el alquiler

En ninguna parte es tan palpable esta intrincación de la creación y el mundo de los negocios como aquí. Hace tiempo que ha desaparecido la imagen del artista como un ser solitario, un ermitaño que vivía al margen de la sociedad. Actualmente, los artistas de éxito están en todas las fiestas y en los lugares de moda más cotizados. Cuidan sus redes de contactos como empresarios, se recrean en ferias de arte por todo el mundo y se desplazan en avión como otros lo hacen en autobús. No obstante, como suele ocurrir en otros ámbitos, la gloria queda reservada a unos pocos afortunados que logran abrirse camino. Su carrera inspira a toda una generación de epígonos para los que el arte ya no es una excepción en una trayectoria profesional precaria, sino simplemente un modo de adelantar a los demás. Por ello no es de extrañar que los urbanistas y los inversores busquen la simpatía y el apoyo de los creadores. Según las conocidas tesis del sociólogo estadounidense Richard Florida, existe una estrecha relación entre la cultura y el crecimiento económico, por el que el entorno cultural sería un factor de implantación primordial.

Sin embargo, la imagen del creador empresario a veces corresponde a un cliché que poco tiene que ver con la realidad. En ciudades como Hamburgo, Colonia o Berlín, que pretenden ser focos creativos, la mayoría de los artistas pertenecen, por sus ingresos anuales medios, a las clases populares inferiores. En muchas ocasiones son los primeros que deben abandonar los barrios que han contribuido a regenerar, pues ya no disponen de los medios para pagar los altos alquileres. La opinión pública a menudo considera que los artistas y los creadores que encarnan la elitización de los barrios en detrimento del resto de la escena artística son los que más se benefician del sistema. Esta interpretación demuestra sobre todo cómo un clima cultural e intelectual liberal llega a crear una moda que incluso los militantes de la izquierda autónoma están dispuestos a tomarse en serio.

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