Unión Europea: La Europa sin fronteras merece el Nobel

Las fronteras entre Alemania y Polonia y entre Polonia y Eslovaquia, dos fotos de la serie "Borderline".
Las fronteras entre Alemania y Polonia y entre Polonia y Eslovaquia, dos fotos de la serie "Borderline".
10 diciembre 2012 – El País (Madrid)

La concesión del premio Nobel de la Paz a la UE ha supuesto una sorpresa para muchos. Sin embargo, el politólogo José Ignacio Torreblanca cree que basta realizar un viaje a los vestigios de la larga “guerra civil europea” que empezó en el siglo XIX para justificarlo.

Fronteras que languidecen, fronteras oxidadas, fronteras olvidadas, fronteras abandonadas, fronteras de las que nadie se acuerda. Esta impresionante serie de fotografías explica por si sola por qué la Unión Europea ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz. También por qué, a pesar de la crisis existencial en la que vive inmersa Europa, los europeos tenemos motivos más que sobrados para la celebración.

Para convencerse comparen sólo por un momento esa fronteras, que hoy nos parecen ridículas, incluso patéticas, que nos recuerdan un tiempo que ya se marchó, con las fronteras que no sólo han desaparecido sino que siguen ahí. Piensen por un momento en el muro levantado por Estados Unidos en su frontera sur, una valla de miles de kilómetros que de forma absurda parte en dos un tan inmenso como vacío desierto. O en los vericuetos que traza el muro de separación que Israel ha construido para, tan contradictoriamente, aislarse de unos territorios que ella misma mantiene bajo ocupación. Por no hablar de la frontera entre las dos Coreas, con sus pavorosas alambradas, sistemas de disparo de automático y unos militares en alerta continua, un incomprensible vestigio de la Guerra Fría. Esas tres fronteras, como muchas otras que todavía se mantienen en pie, son sencilla y llanamente un monumento al fracaso, una celebración de la estupidez, una representación de la incapacidad de muchos seres humanos de convivir pacíficamente a pesar de sus diferentes orígenes, valores y creencias políticas o religiosas.

Para leer el artículo completo visite El País o la página personal del autor.

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