República Checa: Vaclav Havel, un símbolo bajo ataque

18 diciembre 2012 – Respekt (Praga)

Un año después de la muerte del expresidente, su sucesor Vaclav Klaus pone en tela de juicio su herencia política. Unas críticas que destacan el carácter cerrado del poder actual, pero también la fuerza del discurso de Havel en la sociedad civil.

Hace ya un año que nos dejó Vaclav Havel. Su repentina desaparición planteó una gran cantidad de preguntas sobre la evolución de la sociedad checa sin él. Aún es demasiado pronto para poder responderlas. Pero hoy, su autoridad moral es objeto de una multitud de críticas. Esto también demuestra lo que necesitamos a Havel.

En las dos últimas semanas, Vaclav Klaus ha realizado dos declaraciones en las que atacaba a Vaclav Havel y a su herencia. Durante un encuentro con su homólogo eslovaco, Ivan Gasparovic, afirmó que la división de Checoslovaquia había beneficiado más a los eslovacos: "En Eslovaquia, la política nunca se ha demolido […]. Lo que más ha perjudicado a la República Checa son los ataques de la política no política". Y añadió que, por consiguiente, en nuestro país hemos asistido "a la destrucción del respeto que debe tenerse a la autoridad".

Conviene señalar que los responsables políticos que pretenden gobernar con autoritarismo no lo tienen fácil en la República Checa. Y en este caso precisamente debemos agradecérselo a Vaclav Havel, a quien Klaus siempre ha designado como el que hacía "política no política".

Elogio fúnebre político

El segundo ataque surgió con la reacción de Klaus sobre el libro de Petr Hajek, su secretario desde hacía tiempo. Este prolífico autor se interesó esta vez por la acción del Anticristo entre nosotros. Así, escribió que Havel había sido "el instrumento diligente de las fuerzas del odio y de la mentira" [el lema de Havel era que “el amor y la verdad vencerán al odio y a la mentira] y que "cumplió su misión con éxito". Klaus declaró que "comparte" en general "las críticas del autor acerca de la función histórica que desempeñó Vaclav Havel" y que considera la obra como una contribución que "casi debería ser una lectura obligatoria".

A los pies de su ataúd, Klaus rindió homenaje a Havel calificándole como "una gran personalidad de nuestra historia moderna", a la que debemos "nuestra libertad y nuestra prosperidad material y espiritual". Entonces, ¿qué es lo que ha podido cambiar en un año?

Si el año pasado alguien llegó a pensar, al escuchar el elogio fúnebre de Klaus, que pronunciaba un discurso maduro, conciliador y agradecido por los méritos de Havel, se equivocó. No era más que un juego político. El presidente Klaus no podía decir otra cosa, porque de lo contrario se habría ganado la ira de la opinión pública, que se encontraba de luto. Ahora ya ha pasado un año. Y de repente Klaus ha descubierto en el primer presidente checo, un casi enemigo de la democracia.

Vaclav Klaus sabe de sobra que la batalla sobre la forma del sistema político checo es un combate permanente. El que quiera ganar no debe parar hasta consolidar sus posiciones, debilitar a sus oponentes y exaltar a sus partidarios.

Poder de convicción

Checoslovaquia, nacida en 1918, es fruto de los acontecimientos surgidos en la escena internacional. Y de un modo similar recuperó su independencia en 1989. Exagerando un poco, podríamos decir que nuestra independencia en cierto modo nos cayó del cielo. Nos faltan unos padres fundadores como a los que hacen referencia, por ejemplo, en Estados Unidos.

Tomás G. Masaryk, el presidente de la Primera república checoslovaca y Vaclav Havel, el primer presidente tras 1989, son los que, en nuestra historia, pueden parecerse más a estas figuras. Su concepción de la libertad, de la democracia, de lo que debe ser una sociedad abierta, de la responsabilidad hacia los más débiles, de la necesidad de poder contar con los partidarios no sólo en el país, sino en el mundo en general, etc..., se puede considerar como el ideal no escrito de un Estado. Y los dos supieron imponer sus ideales mientras se encontraban al margen de la sociedad y cuando estuvieron dirigiendo el Estado. En ello estriba su fuerza y su poder de convicción.

Por ello, los nazis y los comunistas, que se dieron cuenta de su poder, hicieron todo lo que estaba en sus manos para intentar desprestigiarles. En los años cincuenta, se publicaron sobre Masaryk unos textos muy similares al libro del secretario Hajek sobre Havel. También se escribió que Masaryk era un instrumento del mal. Su motivación era clara. El representante de una democracia pluralista y abierta constituye una amenaza, porque en resumen le dice a la sociedad: no crean a los mesías, confíen en ustedes mismos. Implíquense en la política y ejerzan un control sobre el que ostente el poder, porque los responsables políticos no deben someterles, sino servirles.

Klaus tiene una idea bien distinta de la forma debe adoptar un Estado. Si deben estar presentes los elementos fundamentales de un sistema democrático, conviene confiar el poder a un círculo limitado de personas a las que se deje gobernar tranquilamente. Mantienen en todo momento a la sociedad en un estado de tensión y de incertidumbre, buscando constantemente enemigos, provocando conflictos y demostrando que representan la única certeza en un mundo atormentado.

Estado mafioso en toda regla

Cuando Klaus constata que la política no política no ha minado la autoridad en Eslovaquia, se equivoca. Con ello sin duda quería decir que mientras él está constantemente expuesto a las preguntas incómodas de los medios de comunicación, de los intelectuales o incluso de la opinión pública, nadie molesta al exprimer ministro eslovaco Vladimir Meciar.

Pero hemos podido ver claramente cuál era el rostro de ese modo de gobernar el país. Intimidación de los oponentes, restricción de la libertad de expresión, secuestros fomentados por los servicios secretos y asesinatos de testigos molestos para el Estado, en resumen, un Estado mafioso en toda regla. Que cosas así jamás se hayan producido en República Checa debe considerarse como el mayor éxito de la evolución posterior a noviembre de 1989, de ningún modo un fracaso.

No es de extrañar que sea precisamente ahora cuando Vaclav Klaus y sus allegados hayan decidido desencadenar este ataque frontal contra la herencia de Vaclav Havel. En unas semanas tendrá lugar la próxima elección presidencial. En marzo, se marchará definitivamente del Castillo[de Praga, sede de la presidencia checa]. Y así perderá su influencia. Por ello hoy es necesario preparar sus posiciones, concentrar a sus aliados y encontrar una estrategia que le permita conservar su influencia.

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