Guerra en Malí: La mano invisible de Europa

18 enero 2013
La Tribune París

Una semana después del lanzamiento de las operaciones contra los islamistas que controlan el norte de Malí, los franceses siguen siendo las únicas fuerzas occidentales que están actuando sobre el terreno. Pero los Veintisiete, que han renunciado a una capacidad militar común, también están presentes en otros frentes, aunque de manera más discreta.

La Unión está prácticamente en el banquillo de los acusados, por estar ausente, no haber reaccionado y seguir siendo inútil, mientras que Francia sigue estando sola. El análisis objetivo de la situación contradice estas afirmaciones en el ámbito político, financiero y humanitario y al mismo tiempo señala el verdadero fracaso: el de la Política Común de Seguridad y Defensa.

¿Qué ha ocurrido desde que se conoció la Operación Serval? La Unión organiza reuniones de crisis para ajustar el calendario y las acciones del proceso europeo sobre Malí que decidieron los 27, en especial la misión EUTM en Malí. La reunión de los ministros de Exteriores que se celebró en Bruselas el 17 de enero era la prolongación y la demostración de ese compromiso de la Unión Europea, solidaria con Francia en Malí. Al menos políticamente y simbólicamente.

En concreto, la Unión aportará su apoyo financiero, sobre todo a la MISMA (la Misión Internacional bajo dirección africana desplegada en Malí) de la CEDEAO, con el fin de financiar los sueldos de los soldados africanos.

Un consenso débil pero europeo

Pero Malí confirma la dificultad de la puesta en marcha de la Política Exterior y de Seguridad Común. La PESC, nacida con el Tratado de Maastricht en 1993, debía: "conducir, llegado el momento, a una defensa común". En 1999, la cumbre de Helsinki precisa que la Unión Europea debe poder, antes de finales de 2003, desplegar hasta 60.000 hombres mediante elementos aéreos o navales en un plazo de 60 días.

Desde entonces, la Unión se ha enfrentado a la dificultad de reunir unas fuerzas operativas de esta magnitud. En 2004, la Conferencia sobre los compromisos en materia de capacidades militares lanzó el concepto de grupos tácticos de 1.500 hombres con los que Europa podría responder más rápido a las situaciones de crisis. Una de las principales ambiciones militares de la UE era contar con la capacidad de reaccionar rápido y con eficacia en las zonas de conflicto situadas fuera de la Unión.

Por lo tanto, es cierto que en Malí habría podido intervenir una fuerza europea sobre el terreno, con lo que se pondría la marca diplomática y militar de la Unión. Nos enfrentamos a una crisis, fuera de un territorio de los Veintisiete, una crisis que se ha producido en un país situado a menos de 6.000 kilómetros de Bruselas, una crisis que hace necesario (a priori, para la mayoría de la comunidad internacional, con un consenso débil pero realmente europeo, sin olvidar el llamamiento del Gobierno legítimo maliense) una intervención rápida antes de que tome el relevo otra fuerza de tipo africano y regional.

Sin rostros ni voz propia

Pero no ha sucedido así. Y como de costumbre, el mundo mediático, político y los mismos ciudadanos, acusan a Bruselas. Francia está sola. No existe la Europa de la defensa, ni la Europa sobre el terreno, ni unidad diplomática real. Sin embargo, el motivo de este reparto de tareas hay que buscarlo en otro lugar que no es Bruselas. Habría que buscar en el núcleo de los Gobiernos de los países que asumían la responsabilidad temporal del grupo táctico. En todo este desorden, Francia, Alemania y Polonia. Francia decidió marcharse sola y al parecer no pidió nada a nadie. Y desde el punto de vista de Berlín y aún más desde el Varsovia, Malí parece un asunto muy francés y la inversión no parece ser muy rentable.

Pero lo que está en juego es algo gigantesco. Está en juego el poder diplomático real de la Unión y vemos que a Catherine Ashton le cuesta encontrar su lugar. La Europa diplomática y militar tiene problemas. Sin embargo, repitámoslo, la Unión Europea actúa en la crisis como ya lo hace en Somalia o en Palestina. Francia no está sola en Malí. De forma muy discreta, con una arquitectura institucional compleja e ilegible, sin rostros ni voz propia, la Unión favorece los argumentos fáciles procedentes de los países miembros.

Trabaja sobre el terreno, aporta financiación, se compromete, pero pierde la batalla en el frente mediático y no logra superar sus divisiones en la puesta en marcha de una política de defensa y de seguridad común, estratégica y operativa. Una diplomacia suave, económica, cultural, educativa, mediática, deportiva... no puede vivir sin una relación sólida, totalmente integrada con una diplomacia dura, militar y financiera y con su hermana pequeña, la ciberdiplomacia del XXI, actualmente dominada por Estados Unidos. La Europa unida será mucho más europea también mediante la defensa y la seguridad.

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