Presupuesto de la UE: La PAC, compleja y esencial

Cosecha del trigo en Somerset (Inglaterra).
Cosecha del trigo en Somerset (Inglaterra).
18 noviembre 2010 – Svenska Dagbladet (Estocolmo)

El 18 de noviembre, la Comisión Europea va a presentar las grandes líneas de la reforma de la política agrícola común. Lo que está en juego es principalmente el equilibrio de los gastos entre Estados y las ayudas entre productores.

La vieja caricatura se resiste a desaparecer. En el centro, un pequeño campesino francés, con la boina enroscada en la cabeza y un cigarrillo Gauloise negro en los labios. En Bretaña y en condiciones difíciles, fabrica quesos de cabra no pasteurizados [nota de la redacción: Bretaña no es una región productora de queso de cabra] y con frecuencia se manifiesta contra las decisiones de Bruselas, bloquea las autovías y prende fuego a unos cuantos neumáticos viejos.

Se trata de una imagen típica que suscita comentarios superficiales. Al mismo tiempo, es el negocio de los que se aprovechan más de la política agrícola europea, tanto en el sector agrícola como en el del "agrobusiness", cuyos grupos de presión se guardan bien de quemar neumáticos en las calles de Bruselas.

Una política alejada de los ciudadanos

La vieja política agrícola de los años sesenta está a punto de reformarse. La cuestión ahora es saber qué será lo que la sustituya. En Europa, ningún asunto afecta más directamente y más a diario a los ciudadanos que la política agrícola común. Determina las condiciones de la producción de nuestro pan diario, de los alimentos que se producirán y se consumirán. Las decisiones e impuestos tienen repercusiones inmediatas en la cartera del consumidor y del productor. Y lo que es más, desempeña una función clave en la satisfacción de las grandes ambiciones europeas en materia de clima, medio ambiente y sanidad pública.

La orientación de la política agrícola también tiene una importancia fundamental en las relaciones de la UE con el mundo exterior, en las negociaciones del librecambio y en la cooperación a favor del desarrollo.Todos los asuntos políticos europeos se encuentran más o menos vinculados a la política agrícola común y de ahí que ésta tendría que interesar a todos los responsables políticos, que deberían ver en ella algo diferente a un gran origen de gastos.

Pero esta política, literalmente vital, se elabora muy lejos del hombre de la calle, encerrada en un contexto reglamentario tecnocrático que sólo dominan los expertos y que va acompañada de una burocracia pesada. Si por una vez, los dirigentes políticos europeos se tomaran en serio su promesa de acercar la Unión Europea a los ciudadanos, este momento sería la ocasión perfecta para hacerlo. Ha llegado la hora de establecer prioridades.

Algunos Estados quieren un cambio radical

Por primera vez, todos los gobiernos de los 27 Estados miembros de la UE participarán en las negociaciones. Además, el Tratado de Lisboa hace que el Parlamento Europeo sea un socio de pleno derecho a la hora de tomar decisiones.

Puesto que la concepción de la política agrícolaforma parte del nuevo presupuesto a largo plazo para después de 2013, se aplica la regla de la unanimidad en las decisiones adoptadas, lo que quiere decir que cada país dispone oficialmente de un derecho de veto. Todas estas negociaciones extraordinariamente complejas deberán concluir bajo la presidencia danesa de la Unión, en el primer semestre de 2012. Mientras, en Francia se celebrarán las elecciones presidenciales. Probablemente, la propuesta de la Comisión Europea esbozará varios escenarios diferentes, pero todo indica que recomendará reformas limitadas y en cierta medida, una puesta al día del statu quo.

Para satisfacer los diferentes intereses nacionales, la Comisión debe hacer hincapié en la unicidad y la multiplicidad, conservar los principios comunes y elaborar aplicaciones a medida para los distintos países. Y al mismo tiempo, simplificar la política agrícola. Nos cuesta creer que vaya a lograr solucionar la ecuación en la práctica. La prudencia de la Comisión refleja su interpretación del clima que impera en la mayoría de países miembros de la UE. Suecia, Gran Bretaña y Países Bajos constituyen una minoría que desea un cambio mucho más radical. No sabemos el éxito que tendrá esta minoría a la hora de defender su punto de vista.

En cuanto a la posición final del Parlamento Europeo, de momento es imposible saber cuál será. En el Parlamento hay reformistas muy activos, pero también representantes de peso de los intereses tradicionales de los productores y el enfrentamiento también pasa por los grupos políticos. El Parlamento podría desempeñar una función decisiva en el regateo final.

Los grandes propietarios: principales destinatarios de las ayudas

Entre las propuestas esperadas, se apunta al ajuste del régimen actual de pago por explotación para fomentar el desarrollo de las zonas rurales, medidas medioambientales y otras medidas colectivas. Se puede esperar una restricción en el marco del presupuesto, lo que se inscribiría en la consecuencia lógica de lo que se produce desde hace cerca de veinte años. Desde 1988, la política agrícola se ha ido reformando paulatinamente, con un presupuesto cada vez más restringido.

La cuestión candente sigue siendo la equidad. En especial, la equidad entre los antiguos y los nuevos países miembros, ya que el sistema de ayuda por hectárea se basa en datos históricos de la antigua UE. De este modo, en Grecia la ayuda por hectárea es cinco veces mayor que en Letonia. También se trata de una cuestión de equidad social en materia de reparto de los fondos europeos.

El flujo de las ayudas europeas no se dirige hacia los pequeños agricultores de Bretaña. Sus principales destinatarios son un grupo relativamente limitado de grandes terratenientes y grandes empresas. Las ayudas destinadas a la Casa Real de Inglaterra se han erigido a menudo como símbolos de la desigualdad de la política agrícola común.

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