Kosovo: Un puente para los Balcanes

Uno de los puentes que unen las partes serbia y albanesa de Mitrovica, en Kosovo, en abril de 2013.
Uno de los puentes que unen las partes serbia y albanesa de Mitrovica, en Kosovo, en abril de 2013.
7 agosto 2013 – Polityka (Varsovia)

Kosovo será también para los serbios, según han acordado los líderes de Belgrado y Pristina. Un acuerdo que puede suponer para la región de los Balcanes algo más importante incluso que la adhesión de Croacia a la UE.

Los puentes conectan y dividen los Balcanes. El de Mostar se convirtió en un símbolo de la pacífica coexistencia entre las comunidades cristianas,católicas y ortodoxas, y musulmanas durante cuatro siglos. Construido por los otomanos en el siglo XVI, fue destruido deliberadamente por los bosnio-croatas en 1993. El mensaje que se pretendía transmitir era muy claro: ya hemos tenido bastante unidad en los Balcanes. El Puente Viejo de Mostar dejó de existir, y reconstruirlo supuso un gran esfuerzo. Otro puente de los Balcanes, que en su momento unía a los albaneses y serbios en Mitrovica, aún continúa levantado, pero, al llevar cerrado durante varios años, se ha convertido en un símbolo de la división de Kosovo.

Al extenderse de orilla a orilla del río Ibar, el puente separa la parte serbia, al norte de Mitrovica, de la albanesa, situada al sur. La noche pertenece a la Iglesia Ortodoxa Serbia de San Demetrio, levantada en honor del patrón de la ciudad y construida en 2005 sobre una colina que domina toda la zona. Por la mañana, por el contrario, predominan los muecines que llaman a sus fieles para la oración desde la orilla sur. Ambas orillas del río llevan años viviendo en un total aislamiento, interrumpido de vez en cuando por algún disturbio.

Sin embargo, durante este verano puede que se lleve a cabo un avance decisivo para Mitrovica, Kosovo y toda la región, y no solo porque Croacia se haya convertido en el Estado miembro número 28 de la Unión Europea. Si nos remontamos a la primavera, Belgrado y Pristina, tras varias semanas de negociaciones silenciosas, alcanzaron lo que se denomina un “acuerdo histórico” para los serbio-kosovares. Como recompensa, los líderes de la UE acordaron en junio iniciar las conversaciones de adhesión con Serbia, mientras se daba luz verde a Kosovo para negociar un acuerdo de asociación, el primer paso para un miembro potencial de la UE.

El acuerdo especifica el estatuto de los serbios

La estructura étnica de Kosovo, anterior provincia de Serbia, está constituida principalmente por albaneses, cuya población asciende a 1,8 millones, en comparación con los 140.000 ciudadanos serbios. Estos han estado patrocinados durante años por Belgrado, que paga las escuelas y los hospitales serbios, y abona (¡duplica!) los salarios de los funcionarios públicos y agentes de policía que llevan años sin ocupar su puesto. Los serbios recalcan su derecho histórico a la tierra, ya que consideran Kosovo su cuna nacional.

Kosovo lleva 14 años siendo independiente de facto de Serbia y en 2008 se declaró unilateralmente independiente

Kosovo lleva 14 años siendo independiente de facto de Serbia y en 2008 se declaró unilateralmente independiente, aunque no se haya reconocido como tal universalmente. Los serbios se han negado a aceptar la secesión de la provincia, y en la nueva Constitución llegaron incluso a escribir que “Kosovo je Srbija” [Kosovo es Serbia].

En la primavera de 2012, en Bruselas, los primeros ministros de Serbia y Kosovo, Ivica Dacic y Hashim Thaci, empezaron a reconstruir los puentes. Aunque Belgrado sigue sin reconocer la independencia de Kosovo, el nuevo acuerdo ha regulado finalmente la situación de los serbio-kosovares. Hasta la fecha, sus enclaves en el norte de Kosovo habían funcionado como partes de Serbia, pero los acuerdos los acercan más a Pristina, concediéndoles al mismo tiempo amplios poderes, aunque no una autonomía especifica.

Lo primero es que las instituciones serbias en Kosovo deben sustituirse por otras nuevas que informen a Pristina. Las comunas habitadas por serbios deberán formar una asociación que tendrá un papel decisivo en una amplia gama de asuntos locales. Igualmente, la judicatura y la policía serbia deberán integrarse en las estructuras estatales de Kosovo. Los serbios tendrán derecho a elegir su propio jefe de policía y disfrutar de un número garantizado de escaños en el Parlamento Nacional. También se les concederá una amnistía fiscal, ya que hasta la fecha no han pagado ni impuestos ni servicios públicos, ni tampoco facturas de gas, de electricidad o del agua.

Una fuente de inspiración

Los serbio-kosovares se han opuesto durante años a negociar con Pristina y aún continúan —no sin razón— desconfiando de los albaneses y del Gobierno de Pristina. Su desconfianza se acrecienta por el hecho de que muchas disposiciones del acuerdo son un tanto ambiguas.

Aunque está más o menos claro lo que sucederá con la judicatura y la policía, el futuro de las escuelas, de la universidad local y del sistema sanitario es bastante incierto.

Subvencionados por Belgrado, los serbio-kosovares ganan relativamente bastante dinero, a diferencia de sus homólogos albaneses. Un médico serbio que trabaje en el hospital de Mitrovica gana unos 1.000 euros al mes, cuatro veces más que lo que recibe un colega albano-kosovar.

Sin embargo, este acuerdo provisional, patrocinado por Belgrado, puede que no dure para siempre. En los enclaves serbios hay muy pocas oportunidades de encontrar un empleo, salvo en el sector público, y lo mejor que puede hacer una persona es abrir una tienda. Además, Belgrado también padece una falta de liquidez que le impide seguir manteniendo el statu quo.

Pristina es mucho más optimista hoy en día. El ministro de Asuntos Exteriores, Enver Hoxhaj, llama a los políticos serbios “nuestros amigos de Belgrado”

Pristina es mucho más optimista hoy en día. El ministro de Asuntos Exteriores, Enver Hoxhaj, llama a los políticos serbios “nuestros amigos de Belgrado”, y considera el acuerdo de Bruselas como un modelo a seguir por los demás estados conflictivos de la región: Bosnia y Macedonia.

Algunos expertos liberales se muestran muy escépticos. “El establecimiento de nuevas instituciones serbias en Kosovo supone una amenaza que puede dividir al país, como en Bosnia, donde el Estado no funciona realmente”, dice Ilir Deda, director del Instituto Kosovar para el Desarrollo y la Investigación Política.

La UE como única solución

Los expertos también destacan el eslogan actual utilizado en Belgrado y Pristina: “Vamos a avanzar, no hablemos del pasado”. Pero señalan que las relaciones no se normalizaran, ni habrá una reconciliación, sin una veracidad histórica.

¿Por qué aceptó Serbia buscar un acuerdo? Pues porque no le quedó otra opción, ya que era una de las condiciones para comenzar las negociaciones de adhesión a la UE. En la actualidad, solamente la integración europea puede hacer que Serbia recupere su crecimiento económico y demográfico. Los sociólogos calculan que de los 7,2 millones de habitantes solo 5,2 viven en el país. Serbia tiene 1,3 millones de personas mayores de 60 años, y la edad media está por encima de los 41, una de las más altas del mundo. También hay más jubilados que trabajadores.

“A los serbios no les gusta la UE, pero saben que es la única posibilidad del país” dice Srdjan Bogosavljevic, un sociólogo que trabaja en la empresa de estudios de mercado Ipsos. “Son realistas y no esperan una adhesión rápida, ni que los cambios que pueda acarrear esa adhesión les afecten a ellos. Han elegido la UE pensando en sus hijos”.

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