Europa ante la inmigración (2/5): El problema de la integración sueca

12 agosto 2013
NRC Handelsblad Amsterdam

El barrio de Husby, en Estocolmo, lugar de enfrentamientos en mayo de 2013.
El barrio de Husby, en Estocolmo, lugar de enfrentamientos en mayo de 2013.

Suecia se considera una sociedad homogénea e igualitaria. Pero en realidad, el país tiene problemas a la hora de integrar a sus minorías y la segregación está a la orden del día.

Nazanin Johansson nunca tuvo problemas. Como es evidente, la miraban por sus cabellos oscuros, sus ojos marrones y su aspecto persa. Sabía que debía esforzarse más que cualquier otra persona.

Pero a pesar de ello, Suecia es para ella un país en el que se puede salir adelante. Y una persona puede convertirse, como por ejemplo ella, en una mediadora dinámica de una agencia de empleo de un barrio difícil. Pero se necesita buena voluntad. Y cuando habla con los jóvenes Nazanin tiene a veces dudas al respecto. “Quieren un trabajo, pero sólo si es atractivo. No están dispuestos a comenzar desde el nivel más bajo. Y a veces olvidamos el hecho de que los jóvenes no son culpables de tener esa mentalidad”, explica.

Durante una semana, se incendiaron coches y se produjeron enfrentamientos con la policía

Nazanin trabaja en la agencia de empleo de Kista, un suburbio de Estocolmo, que también es el centro tecnológico de la capital sueca. Pero Kista también está situado entre Rinkeby, Husby y Tensta, unos barrios que fueron noticia en mayo cuando estallaron los motines desencadenados por los jóvenes. Durante una semana, se incendiaron coches y se produjeron enfrentamientos con la policía.

Las imágenes procedentes de Suecia dieron la vuelta al mundo. ¿Un sentimiento de ira en un país en el que el Gobierno cuida de las personas desde que nacen hasta su último suspiro? ¿Racismo y segregación en el país más igualitario del mundo?

Las desigualdades han aumentado

Rápidamente se demostró que esa era la realidad. Mientras el mundo no prestaba atención, el modelo sueco se estaba poniendo en tela de juicio. Tras la burbuja económica de los años noventa, la coalición de centro derecha dirigida por Fredrik Reinfeldt dio una vuelta de tuerca en 2006 a los gastos públicos, reduciendo el tipo máximo de imposición.

Suecia sigue siendo una sociedad igualitaria, pero han aumentado las desigualdades más que en otros países de Europa. Como en el resto del continente, los inmigrantes, los trabajadores poco cualificados y los jóvenes, sobre todo los chicos, son los más perjudicados. Y como en el resto de Europa, muchos alborotadores forman parte de todas estas categorías.                                    

Suecia concede cada año más permisos de residencia, al contrario que muchos países europeos, donde el número desciende cada vez más. Los 110.000 concedidos en 2012 marcaron un récord. Entre los refugiados ahora se encuentran sobre todo sirios, somalíes, iraquíes y gitanos.

A ellos les resulta mucho más difícil salir de los suburbios que a sus predecesores. Hay menos trabajos, la sociedad se ha vuelto mucho más compleja y los obstáculos que deben superar, más elevados. “Me gustaría ser guardia de seguridad, pero para ello necesito el carnet de conducir”, explica por ejemplo Sameh Sakr, un egipcio de 22 años del barrio de Hallunda. Un carnet de conducir, repite riéndose. “¿Y de dónde voy a sacar el dinero para pagarlo?”.

Hacia las “comunidades cerradas”

El nivel de segregación en Suecia va en aumento. En Estocolmo, la mayoría de los inmigrantes viven en ciudades-jardín a lo largo de la línea azul de metro, apodada “Orient Express”. Se trata de edificios de hormigón de tres a siete pisos, construidos en los años sesenta y setenta.

En algunos barrios, el 80% de la población son inmigrantes de primera o segunda generación

En algunos barrios, el 80% de la población son inmigrantes de primera o segunda generación y el 50% no tiene empleo, en comparación con el 8% en el conjunto de Suecia. Uno de cada cuatro inmigrantes no acaba su escolaridad. El 3% de los niños suecos son pobres, en contraposición al 40% de los hijos de inmigrantes.

La separación de ricos y pobres entre los habitantes es una realidad en todas las ciudades de Europa. Pero Estocolmo es una ciudad integrada por islas y con grandes zonas verdes entre los barrios, lo que hace que las clases prósperas vivan casi automáticamente en "gated communities", es decir, en comunidades cerradas.

El barrio de Nockeby está repleto de villas perfectamente protegidas con sistemas de alarma. En cambio, cerca de la estación de metro de Rinkeby, se ve a los hombres holgazanear en los bancos entre los edificios. Hay un café turco y un bazar somalí, pero ni siquiera hay una máquina expendedora de billetes.

¿Cómo es posible que la Suecia igualitaria haya dejado aumentar hasta ese punto las estadísticas alarmantes y sus islotes de descontento? Y no es que a los poderes públicos no les interese la cuestión.

Al contrario, el Ministerio de Integración y de Empleo pretende crear empleos “trampolines” subvencionados y diversificar las clases de sueco para que un ingeniero iraquí no tenga que asistir a la misma clase que un somalí apenas alfabetizado.

Hablar Rinkeby-Svenska es un obstáculo

El ministro de Integración, Erik Ullenhag, afirma que no se trata de instaurar una política más estricta en materia de refugiados, como plantea el partido xenófobo de los Demócratas de Suecia. “Creemos que se trata de un problema económico y de un problema de los jóvenes, no de un problema de inmigración. Como país, cuando endurecemos el tono hacia los inmigrantes, vulneramos su dignidad. Además, socavamos la posición de los que ya están asentados en el país. Y Suecia necesita a los inmigrantes”, defiende Ullenhag.      

Tobias Hübinette, investigador especializado en cuestiones de inmigración del Centro Multicultural en el suburbio meridional de Botkyrka, afirma que en realidad, los inmigrantes necesitan una gran voluntad, perseverancia y suerte para superar el abismo existente en los sueldos, la educación y la etnicidad.

A veces no se les considera suecos, aunque hayan nacido en Suecia

A veces no se les considera suecos, aunque hayan nacido en Suecia. El que hable Rinkeby-Svenska, un sueco con acento, no tiene ninguna posibilidad de encontrar un empleo.

Retraso en el debate multicultural

Ullenhag plantea una solución: un nuevo “nosotros” para Europa. “No me gusta el hecho de que en Europa, el ‘nosotros’ se refiera siempre al pasado. En Estados Unidos, cualquier persona que viva en el territorio del país es estadounidense. Allí, el ‘nosotros’ mira hacia el futuro. Y en Europa debería suceder lo mismo”, afirma el ministro.

“Sería muy distinto”, comenta el escritor y periodista Viggo Cavling, “si empezáramos por reconocer que ya no somos el país homogéneo en el que todo el mundo es igual”.

Y eso es precisamente lo que tanto le cuesta reconocer a Suecia, según el investigador sobre inmigración Hübinette. “El 19% de los suecos ahora tienen uno o dos padres de origen extranjero. Pero aún no somos conscientes de ello. No olvidemos que Suecia jamás tuvo colonias. Suecia es, sobre todo por este motivo, un país nacionalista. A los suecos no sólo les gusta serlo, sino que además lo consideran correcto. Acogemos a los refugiados, pero nos cuesta reconocer que hemos dejado que se produzcan situaciones inadmisibles. Llevamos dos decenios de retraso en el debate multicultural”.

Lea el primer artículo de la serie.

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