Estados Unidos: Descubrir la literatura europea

10 diciembre 2010
The New York Times Nueva York

Librería Melville House, Nueva York.
Librería Melville House, Nueva York.

Con la ayuda de editoriales independientes y la acción de las agencias e instituciones culturales del Viejo Continente, la literatura europea por fin se está abriendo camino en Estados Unidos, un país que tradicionalmente evita los libros traducidos.

El éxito arrollador de la trilogía “Millenium” de Stieg Larssonindica que en lo que respecta a la literatura contemporánea traducida, los estadounidenses al menos están dispuestos a leer novela policíaca escandinava. Pero en el caso de obras de otras regiones y otros géneros, ganarse el interés de las grandes editoriales y los lectores de Estados Unidos sigue siendo una dura lucha.

Entre los editores y los institutos culturales extranjeros, el rechazo tradicional de los estadounidenses a la literatura traducida se conoce como “el problema del 3 por ciento”. Pero ahora, con la esperanza de aumentar su minúscula cuota en el mercado estadounidense de los libros, que es de alrededor del tres por ciento, los gobiernos y las fundaciones extranjeras, en especial las de los márgenes de Europa, se han puesto manos a la obra y se han lanzado a la lucha editorial en Estados Unidos.

La campaña ya no se limita a los idiomas más hablados como el francés o el alemán. Desde Rumanía, pasando por Cataluña y hasta Islandia, los institutos y las agencias culturales están subvencionando la publicación de libros en inglés, financiando la formación de los traductores, animando a sus escritores a que realicen giras por Estados Unidos, rindiéndose a técnicas promocionales y de márketing estadounidenses de las que antes huían y explotando los nichos existentes en el sector editorial.

“Nos hemos planteado esta misión como un objetivo estratégico, un compromiso a largo plazo para penetrar en el mercado estadounidense”, comentaba Corina Suteu, directora de la sede neoyorquina de los Institutos Nacionales de la Unión Europea para la Cultura y responsable del Instituto Cultural Rumano. “Para los países europeos, ya sean grandes o pequeños, la literatura siempre será una de las claves de su existencia cultural y reconocemos que esta es la única forma de lograr que esa literatura esté presente en Estados Unidos”.

Internet, un poderoso aliado

Por ejemplo, Dalkey Archive Press, una pequeña editorial en Illinois, con más de 25 años de especialización en obras traducidas, este año ha iniciado una serie de literatura eslovena, financiada por grupos oficiales en Eslovenia. El primer libro de la serie, “Necrópolis” de Boris Pahor, son unas impactantes memorias en un campo de concentración de la Segunda Guerra Mundial, una obra que se ha comparado con lo mejor de Elie Wiesel y Primo Levi. Dalkey también va a comenzar una serie similar en hebreo y catalán, además de otras obras suizas. En cada caso, una agencia de financiación del país anfitrión subvenciona la publicación y participa en la promoción y la comercialización de la obra en Estados Unidos, una tarea que fácilmente puede costar 10.000 dólares o más por cada libro.

Con presupuestos limitados y un acceso aún más restringido a los medios de comunicación dominantes, las agencias culturales extranjeras además han recurrido a Internet como aliada en la promoción de sus productos. Open Letter, la editorial literaria de la Universidad de Rochester, especializada en literatura traducida, ha creado un sitio web con el irónico nombre de Three Percent (Tres por ciento). Este sitio se ha convertido en un animado foro para debatir y comentar no sólo este asunto, sino también el oficio de la traducción. Otro sitio, Words Without Borders, fundado en 2003, publica en línea libros traducidos y además ofrece un espacio en el que los traductores pueden presentar muestras de sus trabajos con la esperanza de atraer a editores comerciales.

Incluso el gigante en la venta de libros Amazon.com se ha introducido en este ámbito, con una nueva editorial de literatura traducida llamada AmazonCrossing. La primera publicación, “El rey de Kahel”, una novela escrita en francés por el guineano Tierno Monénembo, se publicó en noviembre. Ya se han anunciado cinco títulos más, todos de ficción, excepto uno de ellos.

Algunos desconfían de Amazon

Aunque algunas editoriales independientes se alegran de la creciente implicación y apoyo de Amazon a las obras literarias traducidas, otras observan sus acciones con recelo. Dennis Loy Johnson de Melville House generó todo un escándalo al atacar lo que él denominaba las “prácticas depredadoras y camorristas” de Amazon, afirmando que “estaba claro que los intereses de Amazon y los de la cultura saludable de los libros, ya sean electrónicos o no, son opuestos”.

Los institutos culturales gubernamentales, como el Institut Ramon Llull, dedicado al fomento del idioma y la cultura de Cataluña, al noreste de España, también han contribuido a financiar conferencias y traducciones de libros y otros patrocinan los viajes para llevar a los traductores estadounidenses a sus países, con el fin de que conozcan mejor su cultura y sus gentes.

“Para estas personas es evidente que aquí hay muy poco apoyo para este tipo de trabajo y que ese apoyo tendrá que venir de fuera” del sector editorial, comentaba Esther Allen, antigua directora de PEN Translation Fund. “En las editoriales comerciales establecidas continúa arraigada la idea de que el consumidor estadounidense no quiere leer traducciones”.

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