Política de defensa: El inalcanzable ejército europeo

17 diciembre 2013
De Volkskrant Amsterdam

Tanto para intervenir militarmente como para invertir en la industria de defensa, a los europeos les falta coordinación y por ello pierden credibilidad. La intervención francesa en la República Centroafricana ha reabierto esta cuestión, que se debatirá en la cumbre del 19 y 20 de diciembre.

Más vale tarde que nunca. Es la reacción que podría suscitar el Consejo Europeo de los días 19 y 20 de diciembre, en el que por primera vez desde hace mucho tiempo, los jefes de Estado y de Gobierno europeos hablarán de política de seguridad y de defensa común. Un debate de lo más idóneo en este momento.

En 1991, Mark Eyskens, entonces ministro belga de Exteriores, comparó a Europa con “un gigante económico, un enano político y un gusano militar”. Es cierto que en los últimos años, la UE ha aumentado su actividad en el ámbito de la seguridad. Pero la gran ambición, mencionada infinidad de veces, de invertir en una verdadera política común de defensa y de seguridad, incluida una capacidad militar autónoma, nunca se ha hecho realidad. Mientras el mundo que nos rodea cambia, nos obliga a nosotros, como europeos, a pensar más en serio en nuestra seguridad como un proyecto común.

Más eficaz y más visible

En un mundo cada vez más multipolar, Estados Unidos ya no está dispuesto a intervenir en última instancia si la seguridad europea se ve amenazada. También se observa una creciente inestabilidad en las cercanías de la UE: en África del Norte, en Oriente Próximo, en el Cáucaso. Además, las amenazas se diversifican y sobre todo, implican tanto acciones de seguridad externa como interna.

La repuesta lógica a esta situación parece ser una mayor cooperación y una mayor responsabilidad europea, algo por lo que apuesta el Consejo Europeo: Europa debe ser más eficaz y más visible en el ámbito de la seguridad, se necesitan más inversiones en capacidad militar y es necesario reforzar la industria europea de la defensa. Los documentos publicados antes de este Consejo Europeo por la Comisión Europea y por la [Alta Representante de Exteriores de la UE] Catherine Ashton señalan la necesidad de estos aspectos.

La intervención en Libia demostró que, debido a la falta de unidad y de medios, la UE se vio obligada a dejar que tomaran la iniciativa Estados Unidos y la OTAN.

Se observa que en los últimos años, las misiones fuera del territorio bajo bandera europea han sido más limitadas y a menor escala. La contribución europea a la seguridad y a la estabilidad mundial ha consistido sobre todo en formación y apoyo, y no en un verdadero despliegue de medios militares. La intervención en Libia demostró que, debido a la falta de unidad y de medios, la UE se vio obligada a dejar que tomaran la iniciativa Estados Unidos y la OTAN.

En el caso de Malí y de la República Centroafricana, Francia no esperó a la opinión de la UE. “Esperar a Europa es como esperar a Godot”, comentaba un diplomático francés, citado por Le Figaro. Francia tomó la decisión de intervenir de manera totalmente unilateral. Y los que así lo desean y pueden, tiene la posibilidad de contribuir a la operación, aunque en el fondo siga siendo francesa.

Cooperaciones bilaterales

Lo que resulta aún más grave es la situación de las capacidades militares. Éstas ya eran insuficientes, pero con la presión de la crisis financiera y económica, todos los Estados miembros realizan recortes en su presupuesto de defensa. Y cualquier tipo de coordinación a escala europea es prácticamente inexistente. Por ello, actualmente, teniendo en cuenta las insuficiencias ya existentes en materia de medios fundamentales, se impone una coordinación de las medidas de austeridad, así como de las inversiones, si queremos mantener una defensa europea creíble.

Pero en este sentido, los Estados de la UE siguen prefiriendo entablar cooperaciones bilaterales y no europeas, por motivos prácticos, como la cooperación belga-neerlandesa. El lema es el "pooling and sharing", es decir, la puesta en común y el uso compartido de recursos, sobre una base bilateral. No es un concepto negativo en sí mismo, pero a largo plazo, este tipo de cooperación únicamente será viable si se encuadrada en una estrategia europea más amplia. Pero dicha estrategia no existe.

La adquisición y el despliegue de materiales y la cooperación necesitan más que nunca una cooperación entre países, pero esto también se aplica a la industria de la defensa europea, que se encuentra muy fragmentada. Comparados con otros países, los Estados de la UE invierten poco en investigación y desarrollo militar. Además, las pocas inversiones realizadas tienen un impacto limitado, porque los Estados miembros, sobre todos los grandes, protegen su propia industria. El resultado son duplicados en la producción, gastos de producción demasiado elevados, materiales muy costosos y pérdida de competitividad en los mercados internacionales.

Pero si continúa esta situación, la principal pérdida será que Europa ya no estará en posición de garantizar su propia seguridad, basándose en su potencia industrial.

En definitiva, ante unas ambiciones militares confusas, lo único que se aplican son recortes presupuestarios severos. La cuestión es si los días 19 y 20 de diciembre, los Estados de la UE estarán dispuestos y podrán renunciar a sus propios intereses en favor del interés general. De lo contrario, será una nueva cumbre europea perdida y después de tantos años, las palabras de Mark Eyskens seguirán estando vigentes.

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