Grecia: Por qué los refugiados no quieren reasentarse

13 junio 2016
VoxEurop

Antiguas instalaciones de Olympic Airways en el aeropuerto Elenikion, cerca de Atenas, transformadas en campamento para refugiados.
Antiguas instalaciones de Olympic Airways en el aeropuerto Elenikion, cerca de Atenas, transformadas en campamento para refugiados.

Una gran cantidad de refugiados que han sido evacuados del campamento improvisado de Idomeni, cerca de la frontera con Macedonia, se han opuesto a ser realojados a los centros puestos en marcha por el Gobierno griego. Y tienen para ello al menos ocho buenas razones.

El improvisado campamento de refugiados y migrantes de Idomeni, cerca de la frontera de la Antigua República Yugoslava de Macedonia fue evacuado a finales de mayo. La mayoría de sus 10.000 ocupantes han sido transferidos a otros campamentos en otros lugares de Grecia, supuestamente mejor adaptados, o han sido trasladados a alojamientos alquilados. Pero muchos de ellos decidieron no aceptar dicha reubicación y han instalado sus tiendas de campaña en otros lugares, principalmente a lo largo de la carretera que lleva de Tesalónica a Atenas.

El principal motivo argumentado para no alejarse de los campamentos improvisados, donde ya han pasado varios meses en centros gestionados por el Gobierno, es que quieren quedarse cerca de las fronteras, en caso de que éstas sean abiertas de nuevo. Es la razón principal por la que hace 3 meses acamparon cerca de la frontera, como en Idomeni, que está a 5 minutos del puesto fronterizo de Gevgelija, en Macedonia.

En todo caso, varios meses han transcurrido desde su cierre, y la mayoría de los refugiados han perdido la esperanza de que las fronteras se abran de nuevo un día. A pesar de ello, y a pesar de las condiciones de vida deplorables, prefieren quedarse allí en donde están o no alejarse mucho, en vez de ir a los centros recientemente abiertos. Y esto por las razones siguientes:

  1. No pueden elegir el centro en el que serán alojados y no tienen la mínima idea de a dónde los envían. Al cabo de los meses, han construido una comunidad que, aunque frágil, es la única vida social que tienen. Los adultos y los niños han hecho amistades, las personas se han ayudado unas a otras, nuevas parejas se han formado. Tienen miedo de ser enviados de manera aleatoria a centros diferentes y estar separados de sus amigos, o incluso de sus familias.

  2. Tienen miedo de la promiscuidad y de la ausencia de intimidad. Han escuchado rumores diciendo que los nuevos campamentos son instalados en bases militares o en fábricas abandonadas donde las carpas son apiladas unas junto a otras. Los campamentos improvisados no tienen la ventaja de la intimidad, pero al menos la gente puede elegir dónde colocar su tienda de campaña, organizarse en grupo y desplazarse de una zona a otra del campamento si así lo desean.

  3. Están inquietos por la comida, tanto desde el punto de vista de la disponibilidad como de de la variedad. Las ONG griegas proveen 3 comidas diarias, pero son muy monótonas (básicamente compuesta por pasta) y no son precisamente del gusto de los refugiados de las diferentes nacionalidades que viven en los campamentos. Eso puede parecer trivial, pero la alimentación tiene una importancia fundamental, no sólo desde el punto de vista de la salud, sino también para la moral. En los campamentos improvisados, los refugiados con espíritu empresarial han abierto pequeñas tiendas en las que se vende de todo, frutas y verduras frescas y productos tradicionales cocinados, como los falafeles, kebabs o repostería. Aquellos que no pueden permitirse comprar platos preparados pueden cocinar su comida en hornos de gas o con madera. Mujeres y niños han sido frecuentemente vistos recogiendo hierbas y bayas en los campos de los alrededores. Eso no solamente les hace añadir variedad a su régimen alimenticio habitual, sino que también los mantiene ocupados y le da un sentido a sus días.

  4. ¿Y si no hay Internet inalámbrico? Una conexión a Internet es vital, no solamente porque permite a los refugiados comunicarse con sus familias, parientes y amigos, sino también porque les permite informarse y distraerse. Además, la conexión es esencial para el proceso de solicitud de asilo en línea, incluyendo el primer trámite que consiste en tomar una cita con la Agencia Griega para el Asilo a través de Skype. En Idomeni, el Internet está disponible en varios lugares, como por ejemplo en las carpas de las ONG y de los médicos. Se ha reportado que algunos de los centros oficiales no tenían Internet. Además, los refugiados temen que las autoridades decidan cerrar la conexión arbitrariamente.

  5. También temen que sus hijos sean privados de recibir educación. En este momento no está claro si hay clases previstas en los campamentos oficiales. Algunos de ellos ni siquiera tienen espacio para aulas. No hay enseñanza oficial en los campamentos improvisados, pero las ONG, como los "Bomberos" [así en el original] españoles, han organizado cursos y actividades que podrían ya no llevarse a cabo.

  6. Su libertad podría ser restringida. Ciertos centros ya han anunciado que los refugiados tendrán la libertad de ir y venir, pero que habrá un toque de queda, que sería vivido como una humillación por los adultos.

  7. Podrían dejar de tener acceso a una asistencia médica adecuada. En ciertos centros manejados por militares, las atenciones médicas son proporcionadas por médicos militares que no tienen experiencia tratando a mujeres y a niños. ¿Habrá otros médicos disponibles? ¿Habrá médicos mujeres?

  8. Tienen miedo de ser olvidados. Solo las organizaciones y las personas autorizadas por el Gobierno griego tendrán acceso a los centros. Las visitas de voluntarios independientes y algunos medios de comunicación podrían ser prohibidas. Varios refugiados no creen que, contrariamente a lo que el Alto Comisario de la ONU para los Refugiados les dice, su solicitud de asilo sea tratada de forma más rápida en los centros. Tienen el sentimiento de que su espera no tiene fin y temen que el mundo entero los olvide y les deje allí indefinidamente.

Es el miedo de la incertidumbre en cuanto a las condiciones que les esperan en otros lugares, porque les han llegado informaciones de otras personas que al llegar lo que han encontrado está muy por debajo de sus expectativas, y que muchos tienen problemas para conseguir el estatus de refugiados. Puede que algunos de esos miedos, dudas y aprehensiones no sean reales y estén infundados. Si hacemos excepción de una cantidad limitada de medios de comunicación, de algunos miembros del personal médico y de unos pocos funcionarios, hasta el momento muy pocas personas han visitado esos centros gestionados por el Gobierno.

Lo que los refugiados saben de los campos lo toman de las historias de aquellos que han vuelto, a veces al cabo de unos días solamente. Las otras fuentes de información comprenden al canal News That Moves, que trata de disipar los rumores sin fundamento y de dar una información objetiva y verificada, y la página de Facebook Are You Syrious, una organización con base en Serbia.

Por su parte, la Agencia Griega para el Asilo anunció a mediados de mayo que está desarrollando una aplicación para teléfono móvil que va a ayudar a la difusión de información acerca del proceso para obtener asilo en Grecia. Según News That Moves, investigadores del Departamento de Informática de la Universidad de Harokopio de Atenas desarrollan un programa que será lanzado a inicios de julio.

Mientras tanto, el Departamento de Migración griego deberá redoblar esfuerzos para mejorar la comunicación: explicar a los refugiados a dónde son llevados y lo que les espera cuando lleguen; describir qué servicios e instalaciones estarán disponibles; asegurarse de que las familias y los parientes permanezcan juntos. Invertir y hacer esfuerzos en la comunicación sería mucho más eficaz y menos costoso que enviar a centenares de policías antidisturbios para evacuar a la gente y un helicóptero que sobrevuele el campamento durante horas.

Este reportaje es publicado en cooperación con The New Continent, un proyecto periodístico a largo plazo lanzado por el fotógrafo francés Phil Le Gal, y una plataforma colaborativa, con el objetivo de documentar las historias de las personas que viven a caballo de las fronteras del espacio Schengen.

Translated by Raúl Durán Bravo

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