Oro negro: El gigante del petróleo no juega del todo limpio

Un barril de petróleo Shell en Perú (Imagen: Ryan McFarland)
Un barril de petróleo Shell en Perú (Imagen: Ryan McFarland)
23 julio 2009 – Vrij Nederland (Amsterdam)

Según la publicación Fortune, Shell se ha convertido este año en la empresa más grande del mundo. Pero, ¿cómo funciona realmente? Hace algunas semanas, el semanario holandés Vrij Nederland publicó un largo reportaje sobre el gigante anglo-holandés. Gestión, ecología, seguridad: algunos extractos de un viaje al mundo del petróleo y del gas.

“Nuestra cultura y estrategia empresariales son sólidas”, con estas palabras concluía Jeroen Van der Veer su discurso de despedida ante la junta general de accionistas el pasado mes de mayo. “Hemos aprendido a escuchar y a actuar como parte integrante de la sociedad”, recalcó, algo que puede interpretarse como una alusión a la difícil situación que atravesaba Shell cuando fue nombrado director general de la empresa allá por el 2004. Recordemos que, durante años, la empresa petroquímica vivió de espaldas a la sociedad y haciendo excesivo alarde de sus “reservas comprobadas” de gas y petróleo.

No cabe duda de que la labor de Van der Veer estuvo marcada durante largo tiempo por las consecuencias de esta situación. Su principal objetivo fue desencadenar una transformación radical de la cultura empresarial en el seno de Shell para acabar con el egocentrismo imperante. Una misión en la que la imagen de sencillez que proyecta Van der Veer desempeñó un papel importantísimo. “Es discreto, no es de esas personas que presumen de posición social o dominadas por el ego”, afirman Piet Verschuren y Harry Verhulp, miembros del sindicato holandés que representa a los mandos intermedios y altos cargos de la empresa (VHP). Ambos opinan que Van der Veer ha aportado tranquilidad, pero se muestran algo críticos con la cultura del consenso, que alarga considerablemente el proceso de aprobación de los proyectos. Para cuando se aprueba un nuevo proyecto en Shell, la competencia ya tiene una nueva planta funcionando.

Beneficios récord

A pesar de lo complejo de su organización y de la cuantía de los gastos, el gigante del petróleo obtuvo beneficios históricos el año pasado, más de veintiséis mil millones de dólares. Roel Gooskens, gestor de la sociedad de valores Franklin Mutual, resta mérito a este hecho: “Lo han tenido muy fácil porque el precio del petróleo estaba por las nubes”.

En el 2008, Shell se situó por detrás de Exxon, Total, BP y Chevron en cuanto a beneficios. La bajada del precio del petróleo conlleva una pérdida de ingresos importante y las ganancias se han reducido más de la mitad en el primer trimestre. A pesar de todo, los expertos en finanzas afirman que Van der Veer ha devuelto la confianza a los accionistas de Shell.

Shell ha obtenido una gran ventaja con respecto a sus competidores en el ámbito de la explotación de las fuentes no convencionales de petróleo y gas. Concretamente, la multinacional se ha convertido en el líder del mercado del gas natural licuado en los últimos años.

Emisiones de C02

Ahora bien, la apuesta por los combustibles fósiles de difícil extracción tiene un reverso: cuanto más difícil es la extracción, mayor es el coste energético y ecológico. Por ejemplo, en Canadá, Shell produce petróleo a partir de arenas bituminosas, una práctica que no sólo ocasiona la degradación del paisaje sino que, además, conlleva un aumento considerable de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En estos años Shell ha tratado de dar una imagen de empresa con sensibilidad ecológica. Paddy Briggs, antiguo director de marketing de la multinacional, no oculta su enfado: “Todas las voces autorizadas han condenado el lavado de imagen de Shell porque se basa en una de sarta de mentiras y de verdades a medias. Es un escándalo que Van der Veer diera el visto bueno a campañas tan falaces.”

Shell se interesa también por el yacimiento petrolífero de la región del Polo Norte. La empresa ha recibido la autorización para perforar en más de 400 puntos, en los mares de Chukchi y de Beaufort, al noroeste de Canadá. Sin embargo, el proyecto está en suspenso porque un juez estadounidense considera que la evaluación del impacto ambiental que se ha llevado a cabo es insuficiente. Los esquimales temen los efectos de los vertidos, que podrían dañar el hábitat de las ballenas y de los osos polares, y que ponen en peligro su propia forma de vida. Según las autoridades estadounidenses, el riesgo de que se produzca un vertido importante (más de cuatro mil barriles) en el mar de Chukchi se eleva al 40%.

A Shell le gustaría empezar a trabajar en la Península de Yamal, en el mar de Kara, situado en la zona septentrional de Rusia. El año pasado alcanzó algunos acuerdos previos para asociarse con Gazprom, que está expulsando a los Nenets de sus tierras. Los ecologistas aseguran que “Shell ha elegido la opción que más CO2 emite y la menos ecológica”. Según la estimación realizada por Greenpeace y Friends of the Earth en el informe Irresponsible Energy, Shell es la petrolera que más rápido está aumentando las emisiones de CO2 por barril.

Las asociaciones ecologistas tampoco ven con buenos ojos la decisión de no realizar más inversiones en energía eólica y solar, a favor de los biocarburantes y el almacenamiento de gas carbónico. No obstante, Coby van der Linde, catedrático especializado en energía y directora de CIEP(Clingendael International Energy Programme), comprende que Shell haya tomado esa decisión: “Conseguir que los combustibles fósiles sean más duraderos abre la puerta a evoluciones tecnológicas importantísimas. Esto interesa mucho a las compañías petroleras y de gas porque se trata de su actividad principal”.

Para Piet Verschuren miembro del sindicato de mandos intermedios y altos cargos de la empresa, suspender las inversiones en energía solar y eólica es “una pena y un error considerando las inversiones que se han hecho ya. El personal está decepcionado de que Shell no sea realmente una empresa líder en innovación”.

Si consideramos la extracción de petróleo que Shell lleva a cabo en Nigeria, también descubrimos una brecha entre las palabras y los hechos. No todo el mundo comparte el orgullo que siente la empresa por la estrecha colaboración con el régimen nigeriano. No hace mucho Shell llegó a un acuerdo amistoso, que le costó 11 millones de euros, para resolver un sonado caso en Nueva York: de acuerdo con una de las acusaciones más comprometidas, Shell sobornó a dos testigos para que diesen falso testimonio en contra de Ken Saro-Wiwa. Tras un proceso dudoso, al líder del Movimiento por la supervivencia del pueblo Ogoni, que se opuso pacíficamente a la devastación provocada por la extracción de petróleo en el delta del Níger, lo ahorcaron junto a otras cinco personas más el 10 de noviembre de 1995. Además, los empleados de Shell recurrieron al ejército para reprimir violentamente las manifestaciones de los lugareños contra la instalación de oleoductos.

Fugas de petróleo

Shell también se sienta en el banquillo de los acusados en los Países Bajos. Cuatro pescadores nigerianos, apoyados por Milieudefensie (Asociación Neerlandesa para la protección del Medio Ambiente), han emprendido un proceso contra la empresa. Anne van Schaik, de Milieudefensie, nos cuenta que “Se puede ver y oler petróleo por todas partes en el delta del Níger. Una viuda, a la que habían contaminado la tierra, nos contaba que la mandioca ya no estaba buena por culpa del petróleo, pero que era tan pobre que no había podido darles otra cosa de comer a sus hijos, que cayeron enfermos”.

Shell, por su parte, asegura que hace todo lo que está en su mano para evitar los vertidos de petróleo y para limpiarlos en caso de que sucedan. La seguridad es el leitmotiv de casi todos los discursos de Van der Veen. Nos damos cuenta de la importancia que da la empresa a este tema leyendo el informe de sostenibilidad de 2008. Palabras tranquilizadoras que contrastan con la realidad. Verhulp y el Secretario General del sindicato VHP, Piet Verschuren, lo confirman: “en toda la empresa se ahorra en el mantenimiento de las instalaciones”.

“Hemos aprendido a escuchar a la sociedad”, decía Jeroen van der Veer durante la reunión de accionistas del pasado mes de mayo. Unas horas después, el 60% de ellos rechazaba el punto del informe anual referido a las remuneraciones, que incluían las generosas primas para los directivos de Shell. Pero ya se habían desembolsado millones. Durante la junta general también se plantearon muchas preguntas sobre las inversiones de Shell en Irán, y se exigió transparencia a la hora de invertir en un país que pisotea los Derechos humanos. “Somos transparentísimos”, dijo Van der Veer y después se sumió en un silencio sepulcral.

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