Noruega: La dignidad es la respuesta al horror

25 julio 2011
Dagbladet Oslo

Flores y velas en memoria de los jóvenes asesinados en la isla de Utøya el 22 de julio.
Flores y velas en memoria de los jóvenes asesinados en la isla de Utøya el 22 de julio.

Al menos 93 muertos y 97 heridos: es el balance del doble atentado cometido el 22 de julio por Anders Behring Breivik, un fundamentalista de extrema derecha que ha conmocionado a los noruegos. En el editorial publicado al día siguiente por el diario Dagbladet, se hace un llamamiento para no ceder al miedo ni a la tentación de extremar las medidas de seguridad.

Jamás olvidaremos las increíbles 24 horas que acabamos de vivir. Ni debemos olvidarlas. Pero primero, viviremos el duelo y nos despediremos de las víctimas de Utøya [la isla donde se encontraba el campamento estival de los jóvenes laboristas] y del centro de Oslo. Llevaremos con nosotros este duelo. Y al mismo tiempo que reconstruimos el barrio del Gobierno [devastado por la explosión] y se reorganiza el AUF (Arbeidernes ungdomsfylking, la sección juvenil del partido laborista), también debemos reconstruir una Noruega basada en la apertura y la confianza.

Es normal sentir ira por lo que ha ocurrido. Debemos sentirla. El terrorismo y la muerte en masa son incomprensibles y no hay ningún motivo para mostrar, de un modo u otro, comprensión por actos de este tipo. Tal y como afirmó el primer ministro [el laborista Jens Stoltenberg], nos hemos sumergido en una historia que gira en torno al miedo, la sangre y la muerte.

Se ha detenido a un hombre. Puede que actuara en solitario o puede que fueran varios los autores. Está claro que esta cuestión deberá investigarse. Y a fondo, de modo que el terrorismo no resulte vencedor. Esto sólo puede conseguirse con un proceso judicial adecuado y una actitud sobria, conforme a la Noruega que queremos después del 22 de julio de 2011. No queremos una Noruega que aplique nuevas restricciones de movimientos, en la que se vean más uniformes y por lo tanto se realicen más intervenciones en la vida privada de todos nosotros, que no queremos entender el lenguaje del terrorismo. Si fuera así, los terroristas serían los vencedores.

Queremos una Noruega basada en los valores de libertad e igualdad, tan importantes para los jóvenes reunidos en Utøya y que son igualmente importantes para la mayoría de los ciudadanos de este país.

Hay que alabar a los miembros del Gobierno que hasta ahora y de manera ejemplar, se han concentrado en el duelo y han evitado que iniciemos un debate indigno sobre la responsabilidad y los gastos en los que se han incurrido. Los demás políticos, la oposición, se han comportado de la misma manera responsable. Así es como pondremos de nuevo en pie a Noruega, así es como debemos luchar, debatir.

Aquí uno puede cruzarse aún con un ministro en plena calle

En los últimos diez años y en contextos similares, los sucesos en el mundo nos han planteado numerosos desafíos. Han aumentado las medidas de seguridad. Nuevos métodos policiales han irrumpido en la vida de millones de ciudadanos inocentes, con la esperanza de acorralar a algunos culpables. Aquí aún es posible cruzarse con un ministro por la calle. Debemos prepararnos para que esta situación cambie. Ayer, durante unas horas, tuvimos la sensación de que Noruega había sido ocupada de nuevo [como durante la guerra, debido al despliegue policial tras la explosión]. Pero por suerte no ha sido así.

Ahora es necesario que evitemos caer en el miedo, como ocurrió en Estados Unidos después del 11 de septiembre de 2001. Noruega es un país que funciona bien. Lo hemos visto en las últimas 24 horas con el modo en el que la policía, el personal sanitario, la defensa civil y los voluntarios han garantizado las tareas de auxilio y de investigación.

También lo hemos comprobado con la comprensión clara y positiva que tienen los políticos de su función, sobre todo con respecto a la de la policía. Porque no necesitamos a políticos que ejerzan de policías. La policía es la encargada de investigar y evitar actos criminales y los tribunales los encargados de juzgar. Los demás debemos velar para que lo hagan dentro de la legislación vigente.

Lo que no sabemos es cómo ha afectado al alma y al espíritu de los que, de un modo u otro, han sido víctimas de estos acontecimientos insoportables. Y no sabemos cómo vamos a vivir sin todos esos jóvenes [los que han fallecido en el tiroteo] que querían participar en una sociedad mejor en los años venideros.

Son daños que no se reparan con cemento, ladrillos y pintura. Son daños que nos incumben a todos y de los que debemos hacernos cargo. Y son los daños que nos dejan hoy desesperados y llenos de ira.

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