Comisión Europea: Barroso II: un mandato lleno de dudas

José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, en Bruselas el 23 de julio de 2009 (AFP)
José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, en Bruselas el 23 de julio de 2009 (AFP)
14 septiembre 2009 – Presseurop ()

El presidente saliente de la Comisión Europea tiene todas las posibilidades de volver a ocupar su puesto con la aprobación del Parlamento el 16 de septiembre. Pero, según la prensa europea, después de que se haya puesto en tela de juicio su gestión de la crisis económica, comienza un segundo mandato debilitado de cara al resto de instituciones comunitarias.

El 16 de septiembre, el Parlamento Europeo debe pronunciarse sobre la candidatura de José Manuel Barroso a la presidencia de la Comisión Europea. Y salvo sorpresas de última hora, el portugués, que logró el apoyo de los jefes de Estado y del gobierno el pasado mes de junio, sería reelegido para un nuevo mandato de 5 años. Puesto que "al decidir el 10 de septiembre incluir en el orden del día de la sesión plenaria el voto de investidura del presidente saliente de la Comisión, la conferencia de los presidentes de grupos políticos en realidad ha decidido prorrogar su mandato ‘para los siguientes cinco años’, tal y como ha reconocido Martin Schulz, presidente del grupo socialista", explica el periodista de Libération Jean Quatremer en su blog Coulisses de Bruxelles.

Hasta ahora, los socialistas, los Verdes y la Izquierda Unitaria querían aplazar el voto hasta que se celebrara el referéndum irlandés sobre el Tratado de Lisboa, el 2 de octubre. En caso de que se adopte el texto, Barroso necesitaría una mayoría más importante en el Parlamento. Pero no será así. Porque el presidente saliente ha sabido ofrecer algo a cambio a las diferentes fuerzas políticas. "A los socialistas que le reprochan haber desatendido las cuestiones sociales, Barroso les ha prometido un reglamento sobre la transferencia de trabajadores de un país a otro de la Unión, para luchar contra el denominado dumping social", explica Le Monde. Propone evaluar el impacto social de todas las legislaciones europeas y comenzar con la relativa al tiempo de trabajo, que siempre se ha pospuesto". Y "a los liberales que critican su falta de respuesta ante la crisis financiera", prosigue el diario francés, "el candidato saliente ha prometido defender la creación a largo plazo de un supervisor único europeo".

José Manuel Barroso debe su probable reelección a su "conocida habilidad dialéctica (...) le sacó del agujero en las sesiones programáticas de debate. En ellas, los eurodiputados le apretaron las tuercas [porque] se rindió, sumiso" ante los gobiernos,recuerda El País. Pero su mandato no cuenta con un apoyo incondicional y es posible que "Barroso deba cambiar mucho en su actuación para que la primera institución de Bruselas pueda estar a la altura de las difíciles circunstancias que acechan a la Unión Europea".

Para Handelsblatt, "Barroso paga a precio de oro este segundo mandato que tanto desea". Al querer

complacer a todos, ya no representa a ninguna línea política y "la mayoría de los parlamentarios le consideran un inadaptado". "Tras la entrada en vigor del nuevo Tratado, Barroso quedará acorralado […], relegado a la función de administrador jefe que ejecuta la voluntad " de los Veintisiete y del Parlamento, prevé Handelsblatt. Pero de cara a la crisis, las montañas de deudas y los desafíos ecológicos sin precedente, la UE necesita un líder fuerte. "Si el jefe de la Comisión no puede asumir esta función ¿quién lo va a hacer?".

Sin embargo, Charles Grant asegura en The Guardian que, aunque se haya eclipsado y puesto en duda a José Manuel Barroso, es el presidente de la Comisión que mejor corresponde a su época. Es previsible que la extrema izquierda "deteste a un hombre que aboga por el libre cambio, la libre circulación y la ampliación", escribe el director del Centro para la Reforma Europea. Pero lo que extraña es que muchos de los federalistas europeos, en principio opuestos al proteccionismo, se hayan unido al grupo de los anti-Barroso. Le echan en cara no haber fomentado más la integración europea y no haber ejercido un impulso desde arriba como hizo Jacques Delors cuando era presidente de la Comisión, de 1985 a 1995".

"Ya no vivimos en la época de Delors, cuando un gran número de gobiernos se mostraban comprometidos con la construcción europea y aceptaban la dirección de la Comisión", constata Charles Grant. En estos tiempos prosaicos, no existe ninguna dinámica para una Europa más unida y casi todos los gobiernos se concentran en sus propios intereses nacionales. Barroso, por su parte, "se concentra en las reformas económicas de la Estrategia de Lisboa que ha aumentado la tasa de crecimiento a largo plazo, ha hecho progresar el programa de la lucha contra el cambio climático, ha comprendido la importancia estratégica de la seguridad energética".

Sin embargo "Debido a la crisis, tan sólo ha quedado una triste caricatura de sus proyectos basados en la innovación y la desregulación", estima Týden. Pero a lo largo de su segundo mandato, el semanario praguense asegura que Barroso tendrá ocasión de mostrar "más firmeza y habilidad". Podrá "desafiar a las presiones de París o Berlín, puesto que ya no les necesitará para lograr sus fines personales". En cualquier caso, señala Týden, "el programa de este mandato ha cambiado: el objetivo ahora es restablecer la prosperidad en Europa, aunque la palabra "desregulación" haya cedido su lugar a la "coordinación económica" y la "regulación de los mercados financieros".

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