Coaliciones en Europa: La excepción española (II)

24 febrero 2016 – VoxEurop

Comentaba en mi entrada anterior algunas de las excepciones españolas dentro del panorama y la evolución política en Europa. Las previsiones se han cumplido milimétricamente y ahora es el tiempo de las coaliciones y alianzas, otro aspecto en el que España también es una excepción, poco acostumbrada por su tradición política a algo que forma parte regularmente de la práctica política de otros países europeos.

Han transcurrido ya más de dos meses desde las elecciones generales del 20 de diciembre, y todavía en España no hay Gobierno.Hemos asistido a múltiples idas y venidas de unos y otros, a interminables discusiones, a claras negativas, a amagos de acercamientos. Pero de momento nada hay. Parece que la novedad de un Gobierno en coalición es demasiado grande para la talla política de los partidos. El tiempo se agota y se acerca el límite legal establecido para la formación de Gobierno. A falta de ello, se deberán convocar nuevas elecciones, de las cuales las encuestas más recientes no auguran grandes cambios respecto a las anteriores. Por tanto se plantea una discusión a calendas griegas.

En el caso de España se dan algunos factores aparentemente ausentes en otros países de Europa que están más acostumbrados a esta práctica política. En un primer momento se evocó el "momento italiano" de la política española, una vez roto el tradicional dominio del bipartidismo, característico del último período democrático y con la fragmentación del mapa político en múltiples partidos. Luego se ha impuesto la discusión entre entre un “Gobierno a la alemana” (coalición de liberales y socialdemócratas) y un “Gobierno a la portuguesa” (coalición entre socialistas y comunistas) parecen ser las alternativas evocadas localmente. La derecha y el centro-derecha se escoran con claridad por la primera. La izquierda, por la segunda.

En Europa, países como Alemania tienen una cierta tradición en el establecimiento de Gobiernos de coalición, como el actual de Angela Merkel, entre los socialdemocrátas del SPD y los conservadores de la CDU/CSU. También Bélgica, por razones ligadas a su estructura federal. Pero igualmente otros como Grecia, sometida recientemente a una gran presión política para formar Gobiernos de coalición, o Italia, que hizo en el pasado casi caso de estudio sus interminables coaliciones gubernamentales. En el Reino Unido los Liberales-Demócratas de Nick Clegg (¿alter ego de Albert Rivera?) fueron a la postre un fiasco y quedaron condenados a la práctica desaparición tras las últimas elecciones.

En España la tradición democrática reciente no ha sido amiga de coaliciones. Solamente de mayorías absolutas o relativas amplias, que solamente necesitaban de partidos nacionalistas para completar los escaños necesarios (con el consiguiente precio político pagado por ello durante muchos años). El “aporreamiento” al contrario, ejercido por los partidos mayoritarios, el PP y el PSOE, durante muchos años, ha hecho mella y aleja y dificulta las discusiones. Y ello a pesar del rápido acuerdo que se produjo con motivo de la reforma constitucional para la limitación del déficit, una demanda que venia de Europa. Nuevamente, fenómenos ligados y entendidos en lógica política interna, como la corrupción o el hastío ciudadano por la “vieja política” no facilita al acercamiento de estos partidos.

La “nueva política” intenta ejercer su papel. El caso de Ciudadanos, abierto a apoyar indirectamente a Gobiernos de uno u otro signo (pero no a apoyar la continuidad de Rajoy) parece más claro que el de Podemos, instalado en un mesianismo y en un cúmulo de exigencias de imposible cumplimiento e imposición. Al menos de momento.

La otra cuestión propia a España es la territorial, que aquí enlaza directamente con la imposibilidad de formación de un Gobierno de izquierda, como sí ha sido el caso de Portugal. Podemos ha hecho bandera de la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña, cuestión innegociable e inasumible para el PSOE, a pesar de su vaga propuesta de reforma constitucional en sentido federal.

Tenemos por tanto pocas facilidades para la formación de un Gobierno estable a la alemana – la corrupción y la falta de regeneración que representa Mariano Rajoy para Ciudadanos y el alejamiento atávico entre los dos grandes partidos, de lo que han hecho gala durante años- o a la portuguesa- la cuestión territorial, escollo para el encuentro entre PSOE y Podemos, pero también para la participación de Ciudadanos en un hipotético gobierno de izquierda-. Las últimas noticias adelantan la posibilidad de un Gobierno socialista con apoyo de Ciudadanos y quizá puntualmente de Podemos. El Partido Popular votará en contra de la investidura de Pedro Sánchez. Pero la posibilidad de un Gobierno en solitario basado en “abstenciones” o apoyos puntuales en decisiones específicas parece una perspectiva demasiado frágil para darle algo tipo de credibilidad a largo plazo.

En la viñeta: Mariano Rajoy (PP) a la izquierda, Pedro Sánchez (PSOE), a la derecha, por Kap, publicada en La Vanguardia. Kap ha recibido el premio a la mejor viñeta europea publicada en 2015, convocado por Press Cartoon Europe

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