El mapa político europeo:

La socialdemocracia europea, víctima de su época

VoxEurop
5 octubre 2016

Los partidos socialdemócratas languidecen en Europa. Y las causas de esta tendencia hay que buscarlas en las consecuencias de la crisis y a la emergencia de nuevos actores políticos con los que deben pugnar para conservar su tradicional lugar preponderante en la política.

El momento es complicado para el centro-izquierda en Europa. En el Reino Unido, la etapa post-Brexit está siendo difícilmente administrada por un Partido Laborista en crisis de liderazgo. Jeremy Corbyn, su contestado dirigente, ha sido elegido en el reciente congreso del partido celebrado tras una larga guerra interna que explotó tras la victoria del Brexit. Tras el resultado, sus críticos le acusaron de haber hecho una tibia campaña a favor de la permanencia en la UE, frente a las ambigüedades de los conservadores y la irrupción de partidos populistas como el UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido, favorable a la salida del país de la UE), que le sustrajo buen número de votos entre sus tradicionales partidarios de clase obrera, con argumentos como la limitación de la inmigración para asegurar los puestos de trabajo.

En España la crisis de gobernabilidad que afecta al país desde hace nueve meses, con la perspectiva de unas terceras elecciones a falta de acuerdo, se ve ahora acompañada por la crisis y la guerra desatada abierta en el seno del Partido Socialista (PSOE), entre el ex líder Pedro Sánchez, que se ha negado sistemáticamente a que su partido se abstenga y facilite un gobierno en minoría encabezado por el PP, e intentar una coalición alternativa con Podemos y otros partidos, y los críticos, cuya prioridad es la formación de gobierno en España, y que finalmente se ha impuesto forzando la salida de Sánchez

En Francia François Hollande asiste impávido a un continuo descenso de su popularidad entre los ciudadanos y sus colaboradores van poco a poco abandonando un barco a la deriva. El último, Emmanuel Macron, su ministro de Finanzas. Al tiempo, resurge con fuerza la figura del expresidente Nicolas Sarkozy que promete a los votantes seguridad e identidad, frente a la fragilidad que siente Francia ante los ataques terroristas de los últimos meses y la crisis migratoria. En otros lugares, otro tanto de lo mismo. El alabado Matteo Renzi puede ver puesta en peligro su buena estrella con el referéndum constitucional que tendrá lugar próximamente.

La socialdemocracia europea está de capa caída. Y esto, al margen de las explicaciones en clave interna, se debe a una tendencia que se manifiesta durante los últimos años, enmarcada en la crisis política de los partidos que han ocupado el centro político en Europa desde la II Guerra Mundial. La crisis económica tiene mucho que ver con ello; y su colofón en la crisis del euro, de la UE y de la idea europea. La emergencia de partidos alternativos, a derecha e izquierda, de tipo populista, xenófobo o en todo caso contestatarios del establishment, ha supuesto un duro golpe para los partidos socialdemócratas, que permanecían sólidamente anclados en la tradicional alternativa centro-derecha/centro-izquierda característica de la postguerra europea.

La Unión Europea y sus decenios de paz en Europa resultaron del acuerdo tácito entre las fuerzas conservadores y los socialdemócratas. Resulta por tanto irónico que la socialdemocracia haya "muerto de éxito", una vez que el pacto del Bienestar fue asumido por la gran mayoría de países de Europa Occidental. Con la novedad además de que los partidos socialdemócratas se ven ahora obligados a competir por sus votantes tradicionales de clases medias y obreras, atraídos por los partidos emergentes a izquierda y derecha. Según Paul Mason, que escribe en The Guardian:

la socialdemocracia se ha quedado sin recursos intelectuales para renovarse.Esa falta de recursos es a su vez producto de una incoherencia más profunda[...][el pensador húngaro-norteamericano Karl]Polanyi argumentaba que el capitalismo está formado por un “movimiento doble”: el impulso por liberar los mercados y el contraimpulso necesario para frenarlos y regularlos en el interés de la sociedad.La belleza de la idea de Polany fue que otorgó una justificación al centro izquierda de los ochenta para sobrevivir al fin de la clase trabajadora. En vez de “proteger a la clase trabajadora”, el objetivo de la socialdemocracia se convirtió en “regular el capitalismo por su propio bien”.La raíz de todos los problemas de la socialdemocracia de hoy es que desde 2008 ya no está claro cómo se logra eso.[…] Una vez roto el impulso primario del neoliberalismo, la socialdemocracia se tendría que concentrar ahora en acelerar la invención de lo nuevo. Pero no tiene los recursos necesarios para lograrlo. La mayoría de las élites socialistas y de las burocracias europeas están entrenadas para gestionar un capitalismo que ya no funciona.

De lo que se trata ahora para los partidos tradicionales es de recomponer el mapa político y volver a ocupar un lugar preponderante en él. Para los partidos conservadores el camino es más fácil, puesto la tendencia de la época acompaña. El repliegue identitario y nacional y la apuesta por políticas continuistas son un paraguas para muchos votantes. Para los partidos socialdemócratas el panorama no está tan claro. Ante los partidos que emergen a su izquierda con fuerza, especialmente en el sur de Europa (Podemos, Syriza…), se deben replantear su compromiso con el "soft" capitalismo con el que han convivido (y convenido) desde la postguerra europea, en una época en la que el neoliberalismo y el capitalismo financiero se exhiben sin rémoras del pasado. Pero la dureza de la crisis ha hecho mella en muchos votantes, que ya no quieren comprar ese producto en las elecciones. Así que los socialdemócratas deben elegir, y competir: o renovar el compromiso histórico o romper a la izquierda. Y de ahí su crisis permanente durante los últimos tiempos.